Habran pasado ocho años desde que lei el ultimo comic respetable basado en los tiempos medievales, el mismo es una saga situada en el 870 A.D cuando un basto territorio de Inglaterra estaba bajo dominio Vikingo, ya desde el vamos al observar la portada, esta obtuvo mi atención de lleno, quizas por mi gusto por el estilo del comic europeo, quizas por el tratamiento de su linea artistica, lo cierto que una vez que lees un capítulo no puedes dejar de querer comerte el siguiente, esta bien tratada historia esta escrita por Brian Wood y dibujada por un sin fin de conocidos ilustradores europeos. La historia ya va por el numero #19 en el pais sajón, obviamente el comic esta escrito en perfecto ingles, pero en foros especializados de comics se pueden conseguir los capitulos traducidos al español para nuestro regocijo, asi que ya sabeis desenvainad vuestras espadas y entrad a la refriega que hay lugar para vosotros!martes, 24 de junio de 2014
Northlanders, una de Vikingos.
Habran pasado ocho años desde que lei el ultimo comic respetable basado en los tiempos medievales, el mismo es una saga situada en el 870 A.D cuando un basto territorio de Inglaterra estaba bajo dominio Vikingo, ya desde el vamos al observar la portada, esta obtuvo mi atención de lleno, quizas por mi gusto por el estilo del comic europeo, quizas por el tratamiento de su linea artistica, lo cierto que una vez que lees un capítulo no puedes dejar de querer comerte el siguiente, esta bien tratada historia esta escrita por Brian Wood y dibujada por un sin fin de conocidos ilustradores europeos. La historia ya va por el numero #19 en el pais sajón, obviamente el comic esta escrito en perfecto ingles, pero en foros especializados de comics se pueden conseguir los capitulos traducidos al español para nuestro regocijo, asi que ya sabeis desenvainad vuestras espadas y entrad a la refriega que hay lugar para vosotros!Mendigo, de Reven.
Eslaf Erol era el último vástago de los soberanos del próspero reino nórdico de Erolgard: la reina Lahpyrcopa y el rey Ytluaf. Concretamente, el último de los quintillizos que la reina dio a luz. Durante su embarazo, Lahpyrcopa llegó a medir dos veces más de ancho que de alto, y el parto duró tres meses y seis días. No es de extrañar, pues, que tras alumbrar a Eslaf exclamara “¡adiós y hasta nunca!” y diera su último suspiro.
Como la mayoría de los nórdicos, Ytluaf no se preocupaba mucho de su esposa y menos aún de sus hijos. Por ello, sorprendió a sus súbditos cuando anunció que, fiel a la antigua tradición de Atmora, seguiría a su amada esposa a la tumba. Nadie se había imaginado que la pareja estuviera tan enamorada. Ni siquiera estaban al tanto de que existiera tal tradición. Aun así, les pareció estupendo, ya que este pequeño drama de la realeza les había sacado de su habitual aburrimiento, un problema bastante común en las partes más distantes y oscuras del norte de Skyrim, sobre todo en invierno.
Ytluaf convocó a todo el personal del castillo y a sus cinco regordetes y gritones herederos para dividir sus propiedades. A su hijo Ynohp le cedió su título, a su hijo Laernu le dejó la tierra, a su hijo Suoibud le entregó su fortuna y a su hija Laicifitra le legó el ejército. Sus consejeros le sugirieron que no dividiese la herencia por el bien del reino, pero a esas alturas a Ytluaf no le importaban sus consejeros y mucho menos el reino. Tras hacerlo público, se cortó el pescuezo con su propia daga.
Una de las nodrizas, bastante tímida por cierto, se atrevió a hablar antes de que al rey se le escapara la vida. “Su alteza se olvidó del quinto niño, el pequeño Eslaf”. El bueno de Ytluaf refunfuñó. Después de todo, no le resultaba fácil concentrarse con la sangre brotándole por la garganta. El rey intentó pensar en algo, pero no le quedaba nada que poder legarle.
Finalmente farfulló irritado “Eslaf debería haber protestado y cogido algo”, tras lo cual expiró.
No se puede esperar que un bebé de tan solo unos días pueda exigir su herencia, pero esas fueron las palabras de su padre y por tanto sus derechos de nacimiento. No tendría nada que no hubiera cogido.
Puesto que nadie más quería hacerse cargo del bebé, la tímida nodriza, llamada Drusba, se lo llevó a su casa, una chabola decrépita que fue empeorando con el tiempo. Drusba no consiguió encontrar trabajo y se vio obligada a vender los muebles para alimentar al pequeño Eslaf. Para cuando empezó a caminar y hablar, Drusba ya había vendido las paredes y el tejado. Solo podían llamar hogar al suelo donde dormían. Y cualquiera que haya estado en Skyrim, sabrá que eso no basta.
Drusba no le había contado a Eslaf la historia de su nacimiento, ni que sus hermanos y hermana vivían una vida bastante apacible y tranquila gracias a su herencia. Como habíamos señalado anteriormente, era algo vergonzosa y no sabía muy bien cómo abordar el tema. De hecho, debido a su timidez, cada vez que Eslaf le preguntaba por sus orígenes Drusba salía corriendo. En realidad, huir era su respuesta a prácticamente todo.
Para poder hablar, Eslaf tenía que ir tras ella, así que aprendió a correr y a andar casi al mismo tiempo. Al principio no podía seguirla, pero poco a poco aprendió el ritmo de punta-talón si preveía una carrera rápida y corta, y talón-punta si parecía que Drusba se preparaba para un largo maratón. Nunca llegó a conseguir las respuestas que buscaba, pero sí que aprendió a correr.
Mientras Eslaf crecía, el reino de Erolgard iba empeorando más y más. El rey Ynohp no disponía de fondos ni de la renta de ninguna propiedad, ya que la riqueza estaba en manos de Suoibud y las propiedades en las de Laernu. Tampoco tenía ningún ejército con el que proteger a su gente, ya que lo había heredado Laicifitra. Además, puesto que solo era un niño, las decisiones las tomaba el consejo de Ynohp, un órgano bastante corrupto. Así pues, la burocracia se fue adueñando del reino. Los tributos eran cada vez mayores, el crimen campaba a sus anchas y continuamente había incursiones de los reinos vecinos. La situación tampoco es que se diferenciara mucho de la de cualquier otro reino de Tamriel, pero seguía sin resultar agradable.
Un día, el recaudador llegó a la casucha de Drusba y se quedó con lo único que pudo: el suelo. En lugar de protestar, la pobre y tímida doncella salió corriendo y Eslaf nunca volvió a verla.
Sin hogar y sin madre, Eslaf no sabía muy bien qué hacer. Acostumbrado a vivir prácticamente al aire libre, soportaba muy bien el frío, pero estaba hambriento. “¿Podrías darme un trozo de carne?”, preguntó en la carnicería que había en su misma calle. “Tengo mucha hambre”. El carnicero conocía al chico desde hacía años y a menudo le comentaba a su mujer la lástima que le daba por crecer en un hogar sin techo ni paredes. Sonrió a Eslaf y le dijo: “Vete de aquí, si no quieres que te atice”. Eslaf se alejó corriendo y se dirigió a la taberna más cercana. El tabernero había sido ayuda de cámara en la corte del rey y sabía que el chico era un príncipe. En muchas ocasiones, había visto al pobre muchacho harapiento vagando por las calles y le apenaba su destino cruel. “¿Podrías darme algo de comer?”, pidió Eslaf. “Tengo mucha hambre”. “Tienes suerte de que no te cocine y te coma ahora mismo”, respondió el tabernero.
Eslaf abandonó el recinto de inmediato. Durante el resto del día, el chico fue pidiendo comida de puerta en puerta. Solo una persona le arrojó algo, pero enseguida se dio cuenta de que tan solo era una roca, algo poco comestible.
Cuando cayó la noche, un hombre andrajoso se le acercó y, sin decir palabra, le ofreció una pieza de fruta y algo de carne seca. El chico, sorprendido, cogió ambas cosas y las devoró en un instante, tras lo cual se lo agradeció profusamente. “Si mañana te veo pidiendo por las calles”, gruñó el hombre, “yo mismo te mataré. El gremio solo admite cierta cantidad de mendigos en una misma ciudad, y tú sobras. Nos estás arruinando el negocio”.
Menos mal que Eslaf Erol sabía correr… No paró durante toda la noche.
Ytluaf convocó a todo el personal del castillo y a sus cinco regordetes y gritones herederos para dividir sus propiedades. A su hijo Ynohp le cedió su título, a su hijo Laernu le dejó la tierra, a su hijo Suoibud le entregó su fortuna y a su hija Laicifitra le legó el ejército. Sus consejeros le sugirieron que no dividiese la herencia por el bien del reino, pero a esas alturas a Ytluaf no le importaban sus consejeros y mucho menos el reino. Tras hacerlo público, se cortó el pescuezo con su propia daga.
Una de las nodrizas, bastante tímida por cierto, se atrevió a hablar antes de que al rey se le escapara la vida. “Su alteza se olvidó del quinto niño, el pequeño Eslaf”. El bueno de Ytluaf refunfuñó. Después de todo, no le resultaba fácil concentrarse con la sangre brotándole por la garganta. El rey intentó pensar en algo, pero no le quedaba nada que poder legarle.
Finalmente farfulló irritado “Eslaf debería haber protestado y cogido algo”, tras lo cual expiró.
No se puede esperar que un bebé de tan solo unos días pueda exigir su herencia, pero esas fueron las palabras de su padre y por tanto sus derechos de nacimiento. No tendría nada que no hubiera cogido.
Puesto que nadie más quería hacerse cargo del bebé, la tímida nodriza, llamada Drusba, se lo llevó a su casa, una chabola decrépita que fue empeorando con el tiempo. Drusba no consiguió encontrar trabajo y se vio obligada a vender los muebles para alimentar al pequeño Eslaf. Para cuando empezó a caminar y hablar, Drusba ya había vendido las paredes y el tejado. Solo podían llamar hogar al suelo donde dormían. Y cualquiera que haya estado en Skyrim, sabrá que eso no basta.
Drusba no le había contado a Eslaf la historia de su nacimiento, ni que sus hermanos y hermana vivían una vida bastante apacible y tranquila gracias a su herencia. Como habíamos señalado anteriormente, era algo vergonzosa y no sabía muy bien cómo abordar el tema. De hecho, debido a su timidez, cada vez que Eslaf le preguntaba por sus orígenes Drusba salía corriendo. En realidad, huir era su respuesta a prácticamente todo.
Para poder hablar, Eslaf tenía que ir tras ella, así que aprendió a correr y a andar casi al mismo tiempo. Al principio no podía seguirla, pero poco a poco aprendió el ritmo de punta-talón si preveía una carrera rápida y corta, y talón-punta si parecía que Drusba se preparaba para un largo maratón. Nunca llegó a conseguir las respuestas que buscaba, pero sí que aprendió a correr.
Mientras Eslaf crecía, el reino de Erolgard iba empeorando más y más. El rey Ynohp no disponía de fondos ni de la renta de ninguna propiedad, ya que la riqueza estaba en manos de Suoibud y las propiedades en las de Laernu. Tampoco tenía ningún ejército con el que proteger a su gente, ya que lo había heredado Laicifitra. Además, puesto que solo era un niño, las decisiones las tomaba el consejo de Ynohp, un órgano bastante corrupto. Así pues, la burocracia se fue adueñando del reino. Los tributos eran cada vez mayores, el crimen campaba a sus anchas y continuamente había incursiones de los reinos vecinos. La situación tampoco es que se diferenciara mucho de la de cualquier otro reino de Tamriel, pero seguía sin resultar agradable.
Un día, el recaudador llegó a la casucha de Drusba y se quedó con lo único que pudo: el suelo. En lugar de protestar, la pobre y tímida doncella salió corriendo y Eslaf nunca volvió a verla.
Sin hogar y sin madre, Eslaf no sabía muy bien qué hacer. Acostumbrado a vivir prácticamente al aire libre, soportaba muy bien el frío, pero estaba hambriento. “¿Podrías darme un trozo de carne?”, preguntó en la carnicería que había en su misma calle. “Tengo mucha hambre”. El carnicero conocía al chico desde hacía años y a menudo le comentaba a su mujer la lástima que le daba por crecer en un hogar sin techo ni paredes. Sonrió a Eslaf y le dijo: “Vete de aquí, si no quieres que te atice”. Eslaf se alejó corriendo y se dirigió a la taberna más cercana. El tabernero había sido ayuda de cámara en la corte del rey y sabía que el chico era un príncipe. En muchas ocasiones, había visto al pobre muchacho harapiento vagando por las calles y le apenaba su destino cruel. “¿Podrías darme algo de comer?”, pidió Eslaf. “Tengo mucha hambre”. “Tienes suerte de que no te cocine y te coma ahora mismo”, respondió el tabernero.
Eslaf abandonó el recinto de inmediato. Durante el resto del día, el chico fue pidiendo comida de puerta en puerta. Solo una persona le arrojó algo, pero enseguida se dio cuenta de que tan solo era una roca, algo poco comestible.
Cuando cayó la noche, un hombre andrajoso se le acercó y, sin decir palabra, le ofreció una pieza de fruta y algo de carne seca. El chico, sorprendido, cogió ambas cosas y las devoró en un instante, tras lo cual se lo agradeció profusamente. “Si mañana te veo pidiendo por las calles”, gruñó el hombre, “yo mismo te mataré. El gremio solo admite cierta cantidad de mendigos en una misma ciudad, y tú sobras. Nos estás arruinando el negocio”.
Menos mal que Eslaf Erol sabía correr… No paró durante toda la noche.
Continuaremos con la historia de Eslaf Erol en la próxima entrega de esta saga: “Ladrón”.
miércoles, 18 de junio de 2014
Radio Rivendell, y disfruta como enano!
Desde mediados del 2002 existe en internet una radio dedicada a los roleros y a quien guste de los buenos soundtracks de peliculas y juegos de rol, aparte de muchos compositores dedicados a este genero que aportan desinteresadamente sus trabajos para enriquecimiento de su lista de temas. Transmite las 24hs y esta muy bien rankeada en Shoutcast.com, es decir canticos de Angeles! En el sitio dispones de la información para setear tu winamp, o si prefieres puedes escucharla en el reproductor flash del sitio, hasta una nueva camaradas!!!
martes, 17 de junio de 2014
Gauntlet, la aventura comienza. El origen.
En 1985 Atari Games® lanzo al mercado Gauntlet, era un arcade tematicamente basado en el genero “capa & espada” que podia ser jugado por uno a cuatro jugadores simultaneamente, el primero por aquellos días en adoptar esta tecnologia, presentado durante la emergente popularidad de los juegos de rol como Dungeons & Dragons, el juego fue una sensación, siendo uno de los primeros arcades de exploración de mazmorras.
Se encontraba inspirado en la literatura fantástica. Había cuatro personajes seleccionables, cada uno correspondiendo a un mando: Merlín el Mago, Thor el Guerrero, Thyra la Valkiria y Questor el Elfo. El juego tenía influencias de un videojuego publicado en 1982 llamado Dandy, donde unos guerrersos recorren mazmorras, recogen tesoros y pelean contra enemigos. Gauntlet se basa en eso pero dando un paso adelante en jugabilidad y en el apartado técnico. El juego basicamente consistía en ir encontrando la salida de las distintas mazmorras y dar buena cuenta de los monstruos que nos salieran al paso. Cada heroe tiene una habilidad o ventaja diferente: el guerrero es especialis
ta en la lucha cuerpo a cuerpo, el hechizero posee la magia mas fuerte, la Valkiria tiene la mejor armadura y el elfo se mueve mas rapido, la vida de los personajes iba decreciendo siempre, aunque el personaje estuviera parado, por lo que había que recoger comida y pociones (o echar más monedas). El juego tenía una vista cenital desde arriba, muy típica de los RPGs, a pesar de que Gauntlet se acercaba más a la acción que al rol. Pero en el apartado técnico lo que más destacaba eran las voces digitalizadas. Aunque ya se habían usado desde 1980 con Bekzerk, nunca con tanta variedad. Había un narrador que decía frases desafiantes o advertencias, se podía escuchar al guerrero eructar después de comer, gritos, etc, que era producido por un chip de voz Texas Instruments TMS5220C, todo un avanze para la epoca.
Un video para que vean de que les hablo.
Buena fortuna forasteros, nos vemos en el proximo camino.
La cinta dorada al mérito, de Ampyrian Brum.
Era una mañana de principios de primavera, la pálida luz del sol se filtraba a través de la niebla matutina que flotaba entre los árboles mientras Templer y Stryngpool se abrían camino hasta el claro. Ninguno de los dos había vuelto a Roca Alta, y menos aún a sus bosques favoritos, en cuatro años. Los árboles
habían cambiado muy poco, si es que lo habían hecho.
Stryngpool tenía ahora un bonito bigote rubio, estirado y dado forma con cera, y Templer parecía ser una criatura totalmente distinta al joven que buscaba aventuras en la antigua arboleda. Era mucho más callado, como si además de las del exterior, también tuviera cicatrices internas.
Cada uno llevaba un arco y un carcaj con sumo cuidado mientras caminaban entre los conjuntos de enredaderas y ramas.
“Esta es la senda que llevaba a tu casa, ¿no, amigo?”, preguntó Stryngpool.
Templer echó un vistazo a la maleza y asintió antes de continuar. “Ya decía yo”, dijo Stryngpool riéndose. “Lo recuerdo porque solías recorrer este camino cada vez que te sangraba la nariz. Sé que no te sentirás ofendido si te digo que es increíble que hayas acabado siendo soldado”. “¿Cómo está tu familia?”, preguntó Templer.
“Igual. Puede que un poco más presuntuosa, si es que eso es posible. Obviamente querían que volviera de la academia, pero esto no es para mí. Al menos no hasta que reciba mi herencia. ¿Has visto que tengo una cinta dorada al mérito en tiro con arco?” “¿Cómo no iba a verla?”, dijo Templer.
“Oh, sí, casi se me olvida que mi familia la puso en el gran salón, muy ostentosamente. Supongo que se ve a través de la ventana. Es estúpido, pero espero que los campesinos se hayan quedado impresionados”.
Se abrió un claro ante ellos en el que la niebla se había posado sobre la hierba, envolviéndola con su vapor frío y opaco. Los blancos hechos de saco estaban colocados en un semicírculo, a varios metros de distancia, como si fueran centinelas.
“Has estado practicando”, afirmó Templer.
“Sí, un poco. Tan solo llevo unos días en la ciudad”, dijo Stryngpool con una sonrisa. “Mis padres me dijeron que llegaste hace una semana”.
“Eso es. Mi unidad acampó a unos kilómetros al este y quise visitar mis antiguos lugares favoritos. Han cambiado mucho. No pude reconocer casi nada”. Templer miró hacia abajo, al amplio valle vacío y labrado que se extendía varios kilómetros a la redonda. “Parece que es una buena plantación”.
“Mi familia se ha extendido bastante desde que se fue la tuya. Creo que se discutió sobre si dejar sin derribar tu antigua casa, pero parecía algo un poco sentimental. Especialmente porque debajo había suelo fértil”.
Stryngpool tensó cuidadosamente su arco. Se trataba de una preciosa obra de arte, de oscuro ébano rodeado por filigranas de plata, fabricada a mano para él en Quietud. Vio cómo Templer tensaba el suyo y sintió una punzada de lástima. Era un utensilio desgastado y triste, unido por tiras de tela.
“Si así es como te enseñaron a tensar el arco, necesitáis algunos consejeros de la academia en ese ejército vuestro”, dijo Stryngpool tan amablemente como pudo. “La cuerda sin tensar se supone que tiene que parecer una X dentro de una O. La tuya parece una Z dentro de una Y”.
“A mí me funciona”, dijo Templer. “Te advierto que no puedo quedarme practicando toda la tarde. Debo unirme a mi unidad esta noche”.
Stryngpool empezó a sentirse molesto con su viejo amigo. Si estaba enfadado porque su familia había perdido sus tierras, ¿no podía decirlo sin más? ¿Para qué había vuelto al valle entonces? Observó cómo Templer colocaba su primera flecha apuntando al blanco y tosió. “Lo siento, pero no puedo devolverte al ejército en buena fe sin enseñarte algo nuevo. Existen tres tipos de agarres: de tres dedos, de pulgar e índice, y de pulgar y dos dedos. Después está el agarre con el pulgar, que es el que a mí me gusta, pero mira”, dijo Stryngpool enseñándole la pequeña lengüeta de cuero que estaba sujeta a la cuerda de su arco, “necesitas una cosa de estas o te arrancarás el pulgar”.
“Creo que prefiero mi método estúpido”.
“No seas terco, Templer. No me dieron la cinta dorada al mérito por nada. Demostré cómo disparaba tras un escudo, de pie, sentado, de cuclillas, arrodillado y a caballo. Es una información práctica que te doy como muestra de nuestra amistad, la cual yo al menos no he olvidado por completo. Por la dulce Kynareth, me acuerdo de cuando eras tan solo un pequeño y empalagoso jovenzuelo que deseaba que lo guiaran con honradez”.
Templer miró a Stryngpool un momento y, bajando su arco, le dijo: “Enséñame”. Stryngpool se relajó, librándose de las tensiones que había acumulado. Hizo sus ejercicios, estirando su arco hasta la ceja, el bigote, el pecho y el lóbulo de la oreja.
“Hay tres formas de disparar: tirar de la cuerda y soltarla en un solo movimiento continuo, como hacen los bosmer; arrastrar tirando ligeramente con una pausa antes de lanzar, como hacen los khajiitas; o tirar parcialmente de la cuerda, hacer una pausa y terminar de tirar”, Stryngpool disparó la flecha al centro del blanco con una precisión impecable, “para luego soltar, que es la que yo prefiero”.
“Muy bien”, dijo Templer.
“Ahora tú”, dijo Stryngpool. Ayudó a Templer a elegir la forma de agarre, a colocar la flecha correctamente y a apuntar. La cara de Templer se iluminó con una sonrisa… Era la primera vez en toda la tarde que Stryngpool veía una expresión infantil en aquel rostro marcado por la guerra. Cuando Templer soltó la flecha, esta salió disparada, pasó por encima del blanco y se perdió de vista en dirección al valle.
“No ha estado mal”, dijo Templer.
“No, no ha sido un mal tiro”, dijo Stryngpool volviendo a un tono cordial. “Si practicas, serás capaz de centrar más tu puntería”.
Los dos tiraron varias veces más de práctica antes de separarse. Templer comenzó la larga caminata hacia el este, en dirección al campamento de su unidad, y Stryngpool atravesó los bosques hasta el valle y la mansión familiar. Tarareaba una cancioncilla que había aprendido en la academia mientras pasaba por el gran jardín y se acercaba a la puerta principal, orgulloso de haber ayudado a su amigo. Se le pasó completamente por alto que el gran ventanal estaba roto. Sin embargo, nada más entrar en el gran salón, vio que el tiro errado de Templer había acertado justo en su cinta dorada al mérito.
habían cambiado muy poco, si es que lo habían hecho.
Cada uno llevaba un arco y un carcaj con sumo cuidado mientras caminaban entre los conjuntos de enredaderas y ramas.
“Esta es la senda que llevaba a tu casa, ¿no, amigo?”, preguntó Stryngpool.
Templer echó un vistazo a la maleza y asintió antes de continuar. “Ya decía yo”, dijo Stryngpool riéndose. “Lo recuerdo porque solías recorrer este camino cada vez que te sangraba la nariz. Sé que no te sentirás ofendido si te digo que es increíble que hayas acabado siendo soldado”. “¿Cómo está tu familia?”, preguntó Templer.
“Igual. Puede que un poco más presuntuosa, si es que eso es posible. Obviamente querían que volviera de la academia, pero esto no es para mí. Al menos no hasta que reciba mi herencia. ¿Has visto que tengo una cinta dorada al mérito en tiro con arco?” “¿Cómo no iba a verla?”, dijo Templer.
“Oh, sí, casi se me olvida que mi familia la puso en el gran salón, muy ostentosamente. Supongo que se ve a través de la ventana. Es estúpido, pero espero que los campesinos se hayan quedado impresionados”.
Se abrió un claro ante ellos en el que la niebla se había posado sobre la hierba, envolviéndola con su vapor frío y opaco. Los blancos hechos de saco estaban colocados en un semicírculo, a varios metros de distancia, como si fueran centinelas.
“Has estado practicando”, afirmó Templer.
“Sí, un poco. Tan solo llevo unos días en la ciudad”, dijo Stryngpool con una sonrisa. “Mis padres me dijeron que llegaste hace una semana”.
“Eso es. Mi unidad acampó a unos kilómetros al este y quise visitar mis antiguos lugares favoritos. Han cambiado mucho. No pude reconocer casi nada”. Templer miró hacia abajo, al amplio valle vacío y labrado que se extendía varios kilómetros a la redonda. “Parece que es una buena plantación”.
“Mi familia se ha extendido bastante desde que se fue la tuya. Creo que se discutió sobre si dejar sin derribar tu antigua casa, pero parecía algo un poco sentimental. Especialmente porque debajo había suelo fértil”.
Stryngpool tensó cuidadosamente su arco. Se trataba de una preciosa obra de arte, de oscuro ébano rodeado por filigranas de plata, fabricada a mano para él en Quietud. Vio cómo Templer tensaba el suyo y sintió una punzada de lástima. Era un utensilio desgastado y triste, unido por tiras de tela.
“Si así es como te enseñaron a tensar el arco, necesitáis algunos consejeros de la academia en ese ejército vuestro”, dijo Stryngpool tan amablemente como pudo. “La cuerda sin tensar se supone que tiene que parecer una X dentro de una O. La tuya parece una Z dentro de una Y”.
“A mí me funciona”, dijo Templer. “Te advierto que no puedo quedarme practicando toda la tarde. Debo unirme a mi unidad esta noche”.
Stryngpool empezó a sentirse molesto con su viejo amigo. Si estaba enfadado porque su familia había perdido sus tierras, ¿no podía decirlo sin más? ¿Para qué había vuelto al valle entonces? Observó cómo Templer colocaba su primera flecha apuntando al blanco y tosió. “Lo siento, pero no puedo devolverte al ejército en buena fe sin enseñarte algo nuevo. Existen tres tipos de agarres: de tres dedos, de pulgar e índice, y de pulgar y dos dedos. Después está el agarre con el pulgar, que es el que a mí me gusta, pero mira”, dijo Stryngpool enseñándole la pequeña lengüeta de cuero que estaba sujeta a la cuerda de su arco, “necesitas una cosa de estas o te arrancarás el pulgar”.
“Creo que prefiero mi método estúpido”.
“No seas terco, Templer. No me dieron la cinta dorada al mérito por nada. Demostré cómo disparaba tras un escudo, de pie, sentado, de cuclillas, arrodillado y a caballo. Es una información práctica que te doy como muestra de nuestra amistad, la cual yo al menos no he olvidado por completo. Por la dulce Kynareth, me acuerdo de cuando eras tan solo un pequeño y empalagoso jovenzuelo que deseaba que lo guiaran con honradez”.
Templer miró a Stryngpool un momento y, bajando su arco, le dijo: “Enséñame”. Stryngpool se relajó, librándose de las tensiones que había acumulado. Hizo sus ejercicios, estirando su arco hasta la ceja, el bigote, el pecho y el lóbulo de la oreja.
“Hay tres formas de disparar: tirar de la cuerda y soltarla en un solo movimiento continuo, como hacen los bosmer; arrastrar tirando ligeramente con una pausa antes de lanzar, como hacen los khajiitas; o tirar parcialmente de la cuerda, hacer una pausa y terminar de tirar”, Stryngpool disparó la flecha al centro del blanco con una precisión impecable, “para luego soltar, que es la que yo prefiero”.
“Muy bien”, dijo Templer.
“Ahora tú”, dijo Stryngpool. Ayudó a Templer a elegir la forma de agarre, a colocar la flecha correctamente y a apuntar. La cara de Templer se iluminó con una sonrisa… Era la primera vez en toda la tarde que Stryngpool veía una expresión infantil en aquel rostro marcado por la guerra. Cuando Templer soltó la flecha, esta salió disparada, pasó por encima del blanco y se perdió de vista en dirección al valle.
“No ha estado mal”, dijo Templer.
“No, no ha sido un mal tiro”, dijo Stryngpool volviendo a un tono cordial. “Si practicas, serás capaz de centrar más tu puntería”.
Los dos tiraron varias veces más de práctica antes de separarse. Templer comenzó la larga caminata hacia el este, en dirección al campamento de su unidad, y Stryngpool atravesó los bosques hasta el valle y la mansión familiar. Tarareaba una cancioncilla que había aprendido en la academia mientras pasaba por el gran jardín y se acercaba a la puerta principal, orgulloso de haber ayudado a su amigo. Se le pasó completamente por alto que el gran ventanal estaba roto. Sin embargo, nada más entrar en el gran salón, vio que el tiro errado de Templer había acertado justo en su cinta dorada al mérito.
Cuento perteneciente a The Elder Scroll V: Skyrim.
lunes, 16 de junio de 2014
La leyenda del Holandes errante. yoooojoooo!
Una nave tropieza con una terrible tormenta, pero su capitán, enloquecido y sordo a las súplicas, rehúsa buscar refugio. Como castigo, es condenado a recorrer los mares durante toda la eternidad. ¿Cuál es el origen de la famosa leyenda del Holandés Errante?
El holandés errante es una de las obras más representadas de Wagner.
Muchas autoridades sostienen que la historia del Holandés errante se originó a partir de un hecho real, aunque sobre este punto no hay acuerdo. El problema se complica aún más porque existen muchas versiones de la historia, en las que el capitán puede llamarse Vanderdecken, Van Demien, Van Sraaten o Van alguna otra cosa.
La versión más conocida de la historia del Holandés Errante habla de un tal capitán Vanderdecken, cuya nave fue atrapada en una terrible tormenta cuando doblaba el cabo de Buena Esperanza. Los pasajeros, aterrorizados, rogaron a Vanderdecken que se refugiara en un puerto seguro o que, por lo menos, arriara velas a intentara capear el temporal, pero el enloquecido capitán se rió de sus súplicas y, atándose al timón, comenzó a cantar canciones sacrílegas.
La tripulación también se alarmó por la conducta de su capitán e intentó hacerse con el control de la nave, pero el intento de motín fue sofocado cuando Vanderdecken arrojó a su líder por la borda, mientras los aterrorizados pasajeros y la tripulación se encomendaban a Dios. En respuesta a sus plegarias las nubes se abrieron y una luz incandescente iluminó el castillo de proa, revelando una figura gloriosa que según algunos, era el Espíritu Santo, mientras otros dijeron que era Dios.
La versión más conocida de la historia del Holandés Errante habla de un tal capitán Vanderdecken, cuya nave fue atrapada en una terrible tormenta cuando doblaba el cabo de Buena Esperanza. Los pasajeros, aterrorizados, rogaron a Vanderdecken que se refugiara en un puerto seguro o que, por lo menos, arriara velas a intentara capear el temporal, pero el enloquecido capitán se rió de sus súplicas y, atándose al timón, comenzó a cantar canciones sacrílegas.
La tripulación también se alarmó por la conducta de su capitán e intentó hacerse con el control de la nave, pero el intento de motín fue sofocado cuando Vanderdecken arrojó a su líder por la borda, mientras los aterrorizados pasajeros y la tripulación se encomendaban a Dios. En respuesta a sus plegarias las nubes se abrieron y una luz incandescente iluminó el castillo de proa, revelando una figura gloriosa que según algunos, era el Espíritu Santo, mientras otros dijeron que era Dios.
La figura se enfrentó con Vanderdecken y le dijo que, ya que disfrutaba con los sufrimientos ajenos, de ahora en adelante sería condenado a recorrer el océano eternamente, siempre en medio de una tempestad, y provocaría la muerte de todos aquellos que le vieran. Su único alimento sería hierro al rojo vivo, su única bebida la hiel, y su única compañía el grumete, a quien le crecerían cuernos en la cabeza y tendría las fauces de un tigre y la piel de una lija (lo cual parece muy injusto para el pobre grumete quien, hasta aquí, no había tenido ningún papel independiente en la historia y, presumiblemente, sentía tanto temor ante Vanderdecken como el resto de la tripulación). Sin embargo, con estas palabras la visión desapareció, y con ella todos los pasajeros y tripulantes. Vanderdecken y el grumete quedaron abandonados a su destino.
Ésta es la versión clásica de la historia del Holandés Errante. Puede ser que se base en hechos, pero no hay acuerdo acerca de cuáles pudieron ser esos hechos. Una versión afirma que la historia deriva de la saga escandinava de Stote, un vikingo que robó un anillo a los dioses y cuyo esqueleto, cubierto con un manto de fuego, fue hallado después sentado en el palo mayor de una nave negra y fantasmal.
Otros creen que la historia es más reciente y sugieren que se originó en las aventuras de Bartolomeu Dias (c. 1450-1500), navegante portugués que descubrió el cabo de Buena Esperanza en 1488 y cuyas proezas marítimas llegaron a parecer sobrehumanas, según la biografía que escribió sobre él Luis de Camoes.
Otros creen que la historia es más reciente y sugieren que se originó en las aventuras de Bartolomeu Dias (c. 1450-1500), navegante portugués que descubrió el cabo de Buena Esperanza en 1488 y cuyas proezas marítimas llegaron a parecer sobrehumanas, según la biografía que escribió sobre él Luis de Camoes.
El explorador portugués Bartolomeu Dias en el viaje en el que descubrió el Cabo de Buena Esperanza, en 1487
Una Partida De Dados Con El Diablo
Otros investigadores han desenterrado una dudosa historia acerca de los dos barcos mercantes holandeses del siglo XVI cuyas tripulaciones avistaron el fantasma de un bajel que se había perdido en el Pacífico; la historia del Holandés Errante derivaría de esto. Otra teoría es que la historia se basa en la leyenda de un alemán llamado Von Felkenberg, que se jugó el alma a los dados con el Diablo y perdió. Una leyenda holandesa similar habla del capitán Van Straaten y también se cuenta una historia acerca de Bernard Fokke.
Fokke, capitán del Libera Nos, era famoso por la rapidez con que realizaba sus travesías. Quienes envidiaban su habilidad de navegante afirmaban que había establecido un pacto con el diablo, algo que la extrema fealdad de Fokke y su mal carácter ayudaban a creer. Un día se embarcó en un viaje del que no retornó y se rumoreó que, finalmente, el Diablo había cobrado su recompensa.
No es improbable que la leyenda del Holandés Errante naciera como consecuencia de un hecho real, aunque, sin duda, éste habrá sido algo más prosaico que la venta de un alma al Diablo. Existen muchos casos de buques que fueron abandonados por error por su tripulación, en la creencia de que estaban a punto de zozobrar, y luego siguieron a flote durante días, semanas, meses a incluso años, siguiendo los caprichos del viento y las mareas. El más famoso de esos barcos es el Mary Celeste, pero no es el único. Quizá una de las historias más notables sea la del clíper lanero Marlborough, que desapareció en 1890 mientras de Australia se dirigía a Inglaterra. Se dice que fue hallado 23 años después, frente a las costas de Chile. Aunque la historia del Marlborough sea una exageración, resulta fácil imaginar su efecto en las mentes de marinos supersticiosos en aguas poco conocidas, cuando vieron al buque abandonado emerger súbitamente de la niebla.
La historia del Holandés Errante ha inspirado muchas obras de ficción. El poeta norteamericano Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) escribió sobre este aspecto en The phantom ship (El buque fantasma), que figura en su libro Birds of passage (Aves de paso). Edward Fitzball escribió un melodrama llamado El Holandés Errante, y el francés August Jal la versión más conocida de la historia en sus Scénes de la vie maritime (Escenas de la vida marítima). El poeta lírico alemán Heinrich Heine (1797-1856), inspirándose en el melodrama de Fitzball o en un cuento anónimo titulado Vanderdecken’s message home (El mensaje de Vanderdecken) -que apareció en Blackwood’s Edinburgh Magazine-, escribió sobre el buque fantasma en sus Memoiren des Herrn von Schnabelwopski (Memorias del señor Schnabelwopski). Esto, a su vez, fue indudablemente lo que inspiró la ópera de Wagner El buque fantasma, en la que Vanderdecken puede bajar a tierra una vez cada siete años, para encontrar a una mujer cuyo amor pueda redimirlo. Otros escritores que tocaron el tema fueron Frederick Marryat (El buque fantasma, 1839) y Walter Scott (Rokeby, 1813).
Sin embargo, el Holandés Errante es más que mera leyenda o ficción. A lo largo de los siglos mucha gente afirmó haber visto el espectro de la nave. Uno de los informes más antiguos apareció en 1702 en la Magnalia Christi Americana, historia eclesiástica de Nueva Inglaterra que escribió Cotton Mather, autor prolífico y célebre pastor puritano. Pero muchas de las observaciones son difíciles -si no imposibles- de comprobar y, por lo tanto deben ser descartadas como espejismos, alucinaciones o visiones debidas a un exceso de alcohol. Pero existe un informe excepcional. En 1881 una observación del barco del Holandés Errante fue comunicada por el príncipe Jorge de Inglaterra -que después reinó como Jorge V- y por su hermano mayor, el príncipe AIberto Víctor, duque de Clarence… el mismo duque de Clarence que hoy figura entre los sospechosos de haber sido el infame Jack el Destripador.
Ilustración de Gregory Robinson para el poema de Kipling "Seven seas" (Siete mares)
Se ha dicho que el incidente aparecía en el libro de bitácora del Baccante, pero no es así. En cambio, sí aparece en un relato del viaje de los príncipes en ese buque, compilado por John H. Dalton a partir de sus diarios personales, cartas y libros de notas. En el momento de la observación los príncipes estaban a bordo de otro barco de la flota, el Inconstant, ya que habían sido trasladados allí cuando el Baccante tuvo problemas en el timón. El relato dice: 11 de junio de 1881. A las 4 de la madrugada el «Holandés Errante» cruzó nuestro rumbo. Era una extraña luz roja, como la de un buque fantasma, incandescente, y en el centro de esa luz, los mástiles, palos y velas de un bergantín, a 200 m de distancia, se destacaron con fuerte relieve cuando se acercó a nuestra amura de babor. El vigía del castillo de proa informó que estaba cerca de la amura, donde también lo vio claramente el oficial de guardia desde el puente, como también el guardiamarina del alcázar, que fue enviado inmediatamente al castillo de proa, pero al llegar allí no logró ver vestigios ni señales de ningún barco material, ni cerca ni en el horizonte, pese a que la noche era clara y el mar estaba en calma. En total fue visto por trece personas, pero si se trataba del Van Demien del «Holandés Errante», o qué, no lo sabremos.
El Tourmaline y el Cleopatra, que navegaba a estribor, hicieron señales para preguntar si habíamos visto la extraña luz roja.
A las 10:45 el marinero que esta mañana había avistado al «Holandés Errante» cayó desde las crucetas del mastelerillo de juanete y se hizo trizas. A las 16:15 se efectuaron honras fúnebres y su cadáver fue lanzado al mar. Era un valiente marinero real, y uno de los más prometedores tripulantes del barco, y todos se sienten muy tristes por su pérdida. En el siguiente puerto nos encontramos con el almirante, que también se mostró muy disgustado. Alrededor de 13 personas en el Inconstant, además de una cantidad no especificada de personas en el Tourmaline y el Cleopatra, vieron el espectro, aunque si era el Holandés Errante a otro espectro «no lo sabremos», tal como dijeron los príncipes. Pero, tal como afirma la leyenda, la visión acarreó la muerte de una persona.
Los Nazis También
Una de las fuentes más inesperadas de un informe sobre el barco del Holandés Errante es -según se dijo- Karl Dónitz, comandante en jefe de la flota alemana, y efímero sucesor de Adolf Hitler. Se dice que vio la nave espectral mientras se hallaba en una misión al este de Suez, y que después afirmó que sus hombres preferían enfrentarse con toda la flota aliada antes que vivir nuevamente el horror de ver el barco del Holandés Errante.
El del Holandés no es, por cierto, el único espectro marino. En 1949 se estimaba que había más de 100 casos «bien comprobados» de naves fantasmas que frecuentaban la costa noreste de los Estados Unidos.
El buque fantasma más famoso de los Estados Unidos es, probablemente, el Palatine, que fue tema de un famoso poema de John Greenleaf Whittier. Según la leyenda, en 1752 una tormenta arrojó al Palatine contra las rocas de Block Island, cerca de Rhode Island, y sus restos fueron incendiados por los pescadores; una pasajera quedó atrapada y se quemó viva. Desde entonces, el espectro del barco en llamas ha sido visto en innumerables ocasiones.
Porthcurno Cove, en Cornualles (Inglaterra), escenario de las apariciones de un conocido buque fantasma, el Goblin, negro y con velas de cruz.
Es difícil descartar las pruebas de que algo -se le llama «la luz del Palatine»- ha sido visto con regularidad cerca de la costa. Pero una investigación cuidadosa revela que ningún barco de esas características naufragó jamás en Block Island. Sin embargo, también se descubrió que 14 años antes, en 1738, el Princess Augusta, que llevaba 350 refugiados del Alto y el Bajo Palatinado, en Alemania, sí naufragó en la costa norte de Block Island en circunstancias similares a las que se atribuían al Palatine; no cabe duda de que éste fue el origen de la leyenda. Sólo un elemento del destino del Princess Augusta difiere de la leyenda del Palatine: el Princess Augusta se hundió, y no fue incendiado. De modo que si el espectro que se ve con tanta frecuencia cerca de allí es el espectro del Princess Augusta, ¿por qué el buque fantasma aparece en llamas?
Otro barco fantasma bastante conocido es el Goblin, negro y con velas de cruz, del que se dice que es visto con frecuencia por los habitantes de Porthcurno Cove, cerca de St. Leven, en Cornualles (Inglaterra). Este espectro es característico porque se le ve dirigirse a la costa; después de desliza sobre tierra firme, y finalmente desaparece.
¿Qué son, entonces, esos buques fantasma, esos espectros del mar?. Se les puede aplicar las mismas preguntas, especulaciones y teorías que se refieren a los fantasmas en general. Pero el Holandés Errante se distingue de las historias folklóricas y de fantasmas habituales: ha sido visto muchas, muchísimas veces. Si el barco no existe, ¿qué fue entonces lo que vieron los príncipes a bordo del Inconstant? Dado que la aparición del Holandés Errante y de su barco parece predecir sólo muertes o desastres, quizá lo más razonable sea no buscar la respuesta con demasiado empeño.
La Compañía maldita de Richter Kreugar, el condenado.
UNA HISTORIA TRÁGICA DE TRAICIÓN, CODICIA Y VENGANZA.
Hoy quiero haceros conocer lo que es a mi saber una de las mas fantasticas historias que podeis encontraros en el universo Warhammer, esta es la oscura leyenda de Richter Kreugar el Condenado y su Compañía Maldita. La misma ha sido contada durante innumerables años por todo el Imperio. La suya es una historia trágica de traición, codicia y venganza cuya verdad y cuyos detalles hace mucho que se han vuelto inciertos, tras generaciones y generaciones de explicar los hechos. La leyenda más común acerca de la trágica maldición de Richter Kreugar nos habla de un joven capitán mercenario, orgulloso, duro y con talento. Alquilaba sus servicios muy libremente, sin preocuparse por quién luchaba, siempre que el precio fuese bueno. Siglos atrás en la historia del Viejo Mundo, se dice que Richter se alió con un poderoso Nigromante y lo ayudó en una diabólica campaña contra el Imperio aterrorizando a los habitantes de la densa zona boscosa que rodea Wolfenburgo.
En los tomos encuadernados en cuero de los anales del Historiata Imperiatus se narra cómo el ejército imperial de Wolfenburgo estaba sufriendo terribles bajas en una guerra de desgaste que no podía aspirar a ganar. No obstante, siguieron luchando contra toda lógica, hasta que el Nigromante perdió la paciencia y pasó a la ofensiva adentrándose aún más en el bosque, con lo que no pudo disponer del tiempo necesario para reforzar sus fuerzas no muertas. Al percatarse del error del Nigromante, el calculador Richter aceptó el soborno de un agente imperial al pensar que podía conseguir dinero fácil y tener la oportunidad de pasarse al bando ganador. Cuando la titánica batalla pendía de un hilo, Richter hizo su jugada y atravesó al Nigromante con la espada. No obstante, el impío hechicero logró pronunciar con su último aliento una maldición que significaría la condenación eterna del codicioso mercenario. Ante sus aterrorizados ojos, a Richter se le empezó a ajar la piel y, en cuestión de segundos, cayó al suelo convertido en un montón de huesos y piezas de armadura. Las fuerzas del Imperio ganaron la batalla y la narración de la traición de Richter hubiera caído en el olvido de no ser porque su muerte fue acompañada por una trágica ironía del destino.
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| Tiempo de servir con los no muertos. |
En los tomos encuadernados en cuero de los anales del Historiata Imperiatus se narra cómo el ejército imperial de Wolfenburgo estaba sufriendo terribles bajas en una guerra de desgaste que no podía aspirar a ganar. No obstante, siguieron luchando contra toda lógica, hasta que el Nigromante perdió la paciencia y pasó a la ofensiva adentrándose aún más en el bosque, con lo que no pudo disponer del tiempo necesario para reforzar sus fuerzas no muertas. Al percatarse del error del Nigromante, el calculador Richter aceptó el soborno de un agente imperial al pensar que podía conseguir dinero fácil y tener la oportunidad de pasarse al bando ganador. Cuando la titánica batalla pendía de un hilo, Richter hizo su jugada y atravesó al Nigromante con la espada. No obstante, el impío hechicero logró pronunciar con su último aliento una maldición que significaría la condenación eterna del codicioso mercenario. Ante sus aterrorizados ojos, a Richter se le empezó a ajar la piel y, en cuestión de segundos, cayó al suelo convertido en un montón de huesos y piezas de armadura. Las fuerzas del Imperio ganaron la batalla y la narración de la traición de Richter hubiera caído en el olvido de no ser porque su muerte fue acompañada por una trágica ironía del destino.
A la noche siguiente, Richter se levantó del suelo y contempló el mundo con las cuencas vacías de sus ojos. Todo lo que veía se le aparecía en tonos grises. Lleno de angustia y desesperación, Richter se fijó en sus propios miembros esqueléticos y empezó a comprender el verdadero horror que implicaba el hechizo del Nigromante. Así fue como Richter empezó a vagar por el Viejo Mundo y más allá. Han pasado cientos de años desde su muerte y aún sigue buscando la paz y el olvido, aunque nunca ha sido capaz de conseguir
el reposo eterno. Innumerables veces ha sido abatido, solo para despertar de nuevo a la noche siguiente en ese interminable tormento infernal. Cada vez que acaba con un enemigo, una parte terrible de la maldición surte su efecto; y es que los enemigos a los que derrota se levantan inmediatamente para servirle como esclavos de su voluntad. Deambula por el mundo viviendo como una trágica parodia de su propia carrera de mercenario, luchando allí donde encuentra una batalla. Su rabia y su desesperación se diluyen momentáneamente en el fragor del combate y prosigue con su desgraciada existencia con la desesperada esperanza de que, alguna vez, cuando destruyan su cuerpo esquelético, hallará finalmente el alivio de la muerte verdadera.
el reposo eterno. Innumerables veces ha sido abatido, solo para despertar de nuevo a la noche siguiente en ese interminable tormento infernal. Cada vez que acaba con un enemigo, una parte terrible de la maldición surte su efecto; y es que los enemigos a los que derrota se levantan inmediatamente para servirle como esclavos de su voluntad. Deambula por el mundo viviendo como una trágica parodia de su propia carrera de mercenario, luchando allí donde encuentra una batalla. Su rabia y su desesperación se diluyen momentáneamente en el fragor del combate y prosigue con su desgraciada existencia con la desesperada esperanza de que, alguna vez, cuando destruyan su cuerpo esquelético, hallará finalmente el alivio de la muerte verdadera.
Fuente: games workshop
Que decir de una de mis compañias de mercenarios preferida, apuesto a que su manutención es de lo mas barata, je. A revoir camaradas nos vemos tras las lineas enemigas.


