Interpretación, en concierto por Eimear Noone, de los principales temas musicales de CONAN EL BÁRBARO (John Milius, 1982) de la banda sonora (BSO) del admirado compositor Basil Poledouris (1945-2006) que compuso para este clásico de la "Espada y Brujería".
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sábado, 14 de agosto de 2021
lunes, 26 de julio de 2021
Un día como hoy...
El 25 de Julio de 1990, Capcom lanza al mercado #arcade Magic Sword: heroic fantasy, hack & slash de scroll lateral, donde conduciremos a Alan y Belger, los valientes (en co-op), en su viaje para derrotar a Lord Drokmar...
... y destruir el Orbe Oscuro con el que esta dominando el mundo, posee 51 niveles, 8 jefes finales y 7 puertas secretas para saltar niveles.
El juego tiene similitudes con Black Tiger, lanzado previamente y se lo considera su sucesor espiritual.
Curiosidades: Alan el valiente, Derek el ladrón (ayudante), la Quimera, Lord Drokmar y dos enemigos menores aparecen en Adventure Quiz: Capcom World 2. Sacerdote Ariol (ayudante) hace un pequeño cameo en el final de Dr. Strange's en Ultimate Marvel vs. Capcom 3.
sábado, 17 de julio de 2021
Un día como hoy...
En Octubre de 1985 Atari lanzó Gauntlet, fue el 1° arcade coop. para 4 jugadores y el 1° en usar un sintetizador de voz el Texas Instruments TMS5220C speech chip, se vendieron alrededor de 7500 maquinas en el mundo.
domingo, 24 de abril de 2016
Robin Hood, mito o historia?
Pues la bolsa o la vida, señor!!
Robin Hood o Robin de los bosques o Robin de Sherwood, es una figura arquetípica del folklore Inglés, donde su historia se origina en tiempos medievales, pero su significado permanece en la cultura popular donde se lo conoce por su famoso “robar a los ricos para darle a los pobres” y su lucha contra la injusticia y tiranía. Su banda incluía un trío de forajidos seguidores y colegas llamados “los hombres felices”.
El origen de la leyenda parece estar basado en algunos bandidos de la época o historias de forajidos, como la de Hereward el despierto, Eustace el monje, Fulk Fitz Warin y William Wallace. Hay un número de teorías que atentan identificar a un Robin Hood histórico, pero por varias razones (como lo popular del nombre en la edad media) es muy dificil saber a ciencia cierta de que no se trate más que de una leyenda.
martes, 16 de febrero de 2016
El cuerno de Baldur
Efemérides
Pirazzo y su legión expedicionaria encontraron el Cuerno de Baldur un día como hoy, 11 de Febrero de 1470, año de nuestro señor, en un templo abandonado en medio de la jungla más espesa y atestada de hombres lagartos en Maztíca. La campaña que prometía el peso de un galeón en oro y joyas costo un tendal de carne muerta.
Supuestamente el chisme le otorgaría al que beba de él la vida eterna... Lo único que obsequio a la apaleada legíon de mercenarios fueron épicas e interminables borracheras, ya que el pringoso cuerno se llenaba mágicamente de hidromiel una vez vaciado en garganta.
Manuscritos de la época afirman que tanto Pirazzo como su legión de bastardos no volvieron a poner un pie en el viejo mundo.
Arte y texto by G. Basso (Igvan)~
domingo, 25 de octubre de 2015
De Caballeros y finas Damas.
Si alguna vez vieron la pelicula
"Una historia de Caballeros" (A Knight's Tale, sabrán que el caballero
principal se apropio del nombre de Ulrich Von Liechtenstein en orden
para poder justear en el circuito del torneo y ganar la mano de su bella
dama. Lo que ustedes quizas no saben es que parece ser que realmente
existio ese caballero de 30 años llamado Ulrich Von Liechtenstein (1200 –
1278), que paso su juventud justeando para ganar el corazón (y
cuerpo) de una caprichosa dama, y escribio un libro sobre ello. El
libro de Ulric es simplemente llamado "Servicio a la Dama" y trata sobre
una facinante historia de torneos, damas y un amor no correspondido (o
simplemente lujuria).
Otros datos: Nació en 1200 en Murau, ubicado en la actualidad en Austria. Después de la formación noble usual como paje y escudero del margrave Heinrich de Istria, fue nombrado caballero por el duque Leopoldo VI de Austria en 1223. Líder de la nobleza de Estiria, intervino en la absorción de Estiria por el Imperio Habsburgo, y se convirtió en gobernador de Estiria. Aparece mencionado como senescal de Estiria (1244-1245) y como mariscal (1267-1272). Fue propietario de tres castillos, uno de ellos en Lichtenstein, cerca de Judenburg.
Ulrich está aquí representado como caballero en un torneo, con el ícono de la dama Venus (con una flecha de amor y una antorcha). Viajando asi simbolizado había emprendido un largo viaje.
Otros datos: Nació en 1200 en Murau, ubicado en la actualidad en Austria. Después de la formación noble usual como paje y escudero del margrave Heinrich de Istria, fue nombrado caballero por el duque Leopoldo VI de Austria en 1223. Líder de la nobleza de Estiria, intervino en la absorción de Estiria por el Imperio Habsburgo, y se convirtió en gobernador de Estiria. Aparece mencionado como senescal de Estiria (1244-1245) y como mariscal (1267-1272). Fue propietario de tres castillos, uno de ellos en Lichtenstein, cerca de Judenburg.
Ulrich está aquí representado como caballero en un torneo, con el ícono de la dama Venus (con una flecha de amor y una antorcha). Viajando asi simbolizado había emprendido un largo viaje.
sábado, 11 de abril de 2015
Los 15 de Winchester
Cuando los cojones vienen en paquete.
Los 15 valientes de Winchester, en 1780 en la cárcel más peligrosa y vigilada de Inglaterra 15 prisioneros de guerra españoles se fugarian sin ser vistos hasta las orillas del rio Southamptom,robaron una lancha y se dirigieron al puerto de Porsmouth,la ciudad con más buques de la Royal Navy,robaron un barco inglés vigilado por solo un hombre y se hicieron con la escasa tribulación de abordo (el capitán y 3 hombres más) el bergantin "JOHN THOMAS" se convirtió en el JUAN TOMÁS de 80 toneladas,se echaron a la mar pasando por delante de 17 navíos de línea de la Royal Navy sin ser descubiertos....llegaron al puerto francés aliado de Brest donde fueron recibidos como héroes y regresaron a España.
Fuente: Pinturas de Guerra
domingo, 1 de marzo de 2015
Los temibles Tercios Españoles II
Técnicas y Tácticas de los Tercios Españoles.
Los famosos tercios españoles fueron, sin duda, la mejor fuerza de élite entrenada para el campo de batalla durante la era moderna. Con toda probabilidad se trató de la formación más temida por los ejércitos franceses y holandeses durante los siglos XVI y XVII. En palabras de Fernando Martínez Láinez fueron:
“la herramienta decisiva que forjaba la victoria y conjuraba las amenazas”
Los hombres que
daban forma al tercio eran voluntarios que no excedían la edad de 20
años. Los soldados recibían el llamado pan de munición, que era una masa
de levadura de baja calidad de trigo y centeno. Fue muy característico
llamar a los tercios por el nombre de su maestre de campo o por
seudónimos.
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| Técnicas y Tácticas de los Tercios Españoles, voluntarios |
El Tercio de los Monsiures,
conocidos por su afición a la pólvora o el Tercio de la Zarabanda, que
se llamó así por representar a soldados a los que les gustaba el baile,
son solo algunos de los muchos ejemplos que podemos encontrar en la
distinta documentación relativa a la denominación de los tercios.
En
cuanto a la infantería que componía a los tercios españoles, el grueso
central consistía en soldados conocidos como piqueros y que eran
respaldados en los flancos con arcabuceros y mosqueteros. No se puede
menospreciar el rol del rodelero ni el de los músicos, portaestandartes o
capellanes. Como así tampoco el de la artillería, sobre todo ya
entrando en el siglo XVII. Todos tenían un papel fundamental que fue lo
que dio el éxito rotundo a los tercios españoles.
Formaciones Anti-Caballería: El Piquero
La figura del piquero nació de la imperiosa necesidad de frenar a la caballería pesada que tuvo un auge considerable durante la edad Media y que se perpetuó en la nueva era en los conocidos escuadrones de caballería franceses (los coraceros o cuirassiers) o los húsares alados polacos que tan excelentes resultados habían tenido en diversos frentes que tuvieron lugar a partir del siglo XVI.
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| Técnicas y Tácticas de los Tercios Españoles, Piqueros |
El
piquero, por tanto, fue una figura esencial a la hora de defender la
posición ante un ataque de caballería pesada. Fue así como, durante el
siglo XVI, se organizaron soldados armados con picas dispuestos en
bloques cerrados con la punta del asta al frente para combatir las
cargas de caballería enemigas. La figura del piquero dentro de los
tercios se convierte así en la máxima presunción defensiva de la
infantería. Los coseletes fueron el cuerpo de mayor grado dentro de los
piqueros.
Eran
los que mejor armadura y armas tenían, los que se ocupaban de defender
las primeras líneas defensivas. Eran los llamados piqueros de
vanguardia, que a su vez estaban respaldados por las picas secas de la
retaguardia. Los escuadrones se disponían de manera rectangular y en
hileras, ofreciendo así todo un espectáculo de formación táctica que
suponía un gran obstáculo a considerar.
Era
todo un honor formar parte de los coseletes, y los que más dinero
tenían eran los que podían permitirse las mejores armas y armaduras.
Formaciones en los flancos: Arcabuceros y Mosqueteros
Lejos de ser una formación defensiva, que poco o nada tenía que hacer ante el avance de la caballería enemiga, la infantería encargada de llevar una ofensiva de este tipo tenía un papel esencial a la hora de secundar a los escuadrones de piqueros, que a su vez se nutrían de la protección de estos.
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Técnicas y Tácticas de los Tercios Españoles, Arcabuceros
|
Se colocaban en los
costados para llevar a cabo su fuego a distancia, dispuestos en hileras
de guarniciones que permitían el avance y retroceso según se iniciaba un
disparo, para así permitir respaldar una recarga o el propio cansancio
que atañía a las tropas.
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| Técnicas y Tácticas de los Tercios Españoles, Mosquetero |
Los arcabuceros
también se colocaban en una formación conocida como “mangas”, que se
disponían en las cuatro esquinas del escuadrón de piqueros y la cual
resultaba ser la ofensiva esencial de los tercios.
Formaciones de segunda línea: Los Rodeleros
Los rodeleros deben a
su nombre a que poseían escudos de forma redonda (las rodelas). Además
del escudo portaban una espada, y se trataba de la infantería mejor
adaptada para adentrarse en las filas enemigas con el fin de causar el
pánico.
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| Técnicas y Tácticas de los Tercios Españoles, Rodelero |
Su ligereza les
permitía colarse de una manera muy ágil entre las picas enemigas para
diezmarlas desde dentro. Muy conocidos fueron los rodeleros de Hernán
Cortés en sus refriegas y batallas en el Nuevo Mundo.
Formaciones de motivación y apoyo: Músicos, portaestandartes y capellanes
El
papel fundamental de los músicos y los portaestandartes a la hora de
animar a los ejércitos de los tercios era tarea esencial para mantener
la unidad de grupo y el arrojo y el valor que se necesitaban a la hora
de ganar una batalla.
Así,
en la zona central del escuadrón, respaldados por la retaguardia y
custodiados por piqueros en vanguardia, los tamborileros, los pífanos y
los abanderados quedaban protegidos por todos sus flancos para que su
música empujase al frente e intensase desestabilizar al enemigo.
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| Técnicas y Tácticas de los Tercios Españoles, estandartes y música |
El cuerpo espiritual
era el encargado de predicar la fe en los soldados, además de dar la
extremaunción a los caídos en medio de una batalla, a riesgo de caer
también durante el transcurso de esta.
Formaciones de artillería: cañones, culebrinas y falconetes
A pesar de su potencial grado de decisión, los espantabellacos,
denominación dada por los tercios españoles a los cañones, no era el
fuerte de su ejército. Pero poco a poco la artillería fue cobrando un
papel decisivo con la llegada del siglo XVII, en especial porque se
mejoró la técnica, uso y manejo de la pólvora y por su efectividad a la
hora de romper las filas enemigas, que eran armas muy violentas, en
especial hacia piqueros enemigos.
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| Técnicas y Tácticas de los Tercios Españoles, artillería |
Nos hacemos eco en la obra del militar e historiador Bernardino de Mendoza, concretamente en su libro Teoría y Práctica de Guerra:
[…] rompe y abre los escuadrones y batallones deshaciéndolos y así la mayor parte de victorias que se ganan en estos tiempos es habiéndose conseguido con la artillería […] desordenando los escuadrones del enemigo de suerte que los ponen en rota y deshechos […]
Muy pronto una tercera parte.
Fuente: revistadehistoria.es
Maldita Castilla!
Una aventura arcade de terror y caballería.
Libera tu reino... ¡Por Dios y por Castilla!
Maldita Castilla es un juego de acción lineal, creado a base de mitología medieval española y europea. El estilo gráfico es crudo, dibujado pixel a pixel con una paleta de colores limitada, como en los viejos tiempos, y mostrado a través de un efecto de monitor viejo y mal cuidado. Además, Gryzor87 ha creado la música emulando el sonido del chip Yamaha YM2203, con lo que el juego cuenta con sonido de arcade real.
Rinde homenaje a los grandes clásicos de las recreativas de entre 1985-1987 como Ghost'n'Goblins, Tiger Road, Black Tiger, Shinobi, Rygar, Karnov, Trojan… cogiendo influencias de pinturas y lugares de la España medieval, e inspirado mejor libro de caballería de todos los tiempos: El Amadís de Gaula.
Caracteristicas del fichín:
- Aspecto y jugabilidad de un Arcade de 1985-1987
- 6 niveles, 14 bosses y más de 40 enemigos
- 50 minutos de gameplay
- 4 finales diferentes basados en méritos y secretos
- Escenarios, personajes y criaturas basados en mitos medievales españoles y del resto de Europa
Descargas
Maldita Castilla 1.1 (Windows)
Maldita Castilla 1.0 (Linux)
Maldita Castilla Posters (Pdf)
Maldita Castilla Manual (Pdf)
Disfruten de este nostalgico fichín en este domingo lluvioso, au revoir!
Sitio del creador LocoMalito
martes, 24 de febrero de 2015
Los temibles Tercios Españoles
Considerados como los herederos de las legiones romanas, estas unidades se basaban en la pica y el arcabuz para aplastar brutalmente a sus enemigos.
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Augusto ferrer-Dalmau
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«¡Santiago y cierra España!».
Estas fueron sin duda las últimas palabras que miles de enemigos de
nuestro país escucharon antes de ser masacrados por la que fue la mejor
infantería europea durante casi 150 años: los temibles Tercios.
Armadas con un arrojo incuestionable y una lealtad absoluta hacia su
rey, estas unidades –consideradas por algunos como las herederas de las
legiones romanas- acababan con sus adversarios lanzando sobre ellos un
vendaval de plomo y un mar de picas.
En un tiempo en que España necesitaba defender sus
territorios europeos con soldados fiables, los soldados de los Tercios
demostraron de lo que era capaz un militar resuelto y experimentado.
Así, con la Cruz de Borgoña a sus espaldas y una daga en su cinto, estas
unidades se labraron una reputación que, todavía hoy, les hace contar
con un lugar privilegiado en la Historia.
«Los Tercios Españoles eran una perfecta combinación de las
distintas unidades militares de la época, formadas por veteranos
soldados y mandados, la mayoría de las veces, por buenos oficiales.
Además, no se trataba de simples mercenarios a sueldo, eran hombres de
honor, leales a su rey y unidos por una fervorosa fe católica. Todo esto
motivaba a las tropas en el campo de batalla, lo que unido a sus
victorias les creó una gran reputación en toda Europa», señala en
declaraciones a ABC Joaquín Blasco Nácher, presidente de la Asociación Napoleónica Valenciana y coordinador de recreación histórica de «La fragua de Vulcano».
El nacimiento del Tercio
Para poner una fecha aproximada a la creación oficial de los Tercios es necesario retroceder en el tiempo hasta el SXVI, momento en que cogió las riendas de España Carlos I (V de Alemania). Nieto de los Reyes Católicos, a este monarca se le planteó la difícil tarea de mantener a sangre y fuego los territorios que había heredado en Milán, Nápoles y Sicilia.
Con Francia presionando para arrebatar estas regiones a
Carlos I, al monarca no le quedó más remedio que reorganizar la
infantería española que había en estas comarcas italianas. Así,
aprestados para la defensa, nacieron los tres primeros Tercios: el de Nápoles, el de Sicilia, y el de Lombardía.
Estas pioneras unidades tuvieron desde entonces el honor de ser
conocidas como «Tercios viejos», y cada una contaba con un mando
independiente.
«En mi opinión, Carlos V creó los tercios para resolver el
problema administrativo de gestionar su instrumento militar: El número
siempre creciente de compañías sueltas que necesitaba para defender a
sus vasallos, primero de los franceses y luego contra los turcos»,
explica en declaraciones para ABC el general de Infantería e historiador
José María Sánchez de Toca y Catalá, coautor de «Tercios de España. La infantería legendaria».
"Los primeros Tercios, los «viejos», fueron los de Nápoles, Sicilia y Lombardía"
Sin embargo, como bien señala el experto español, en la
actualidad todavía existen dudas sobre el año concreto en que los
Tercios vieron la luz: «El ¿cuándo nacieron? es la pregunta del millón.
Al parecer existe una especie de instrucción del Tesoro de 1537 que
explica cómo se ha de pagar a cada hombre de los Tercios. También se
dice que una disposición imperial de 1534 redistribuyó las fuerzas
españolas destacadas desde antiguo en Italia en tres tercios, uno para
el reino de Sicilia, otro para el de Nápoles y otro para el Estado de
Milán o ducado de Lombardía, pero la verdad es que esos tres Tercios dejan fuera a Cerdeña, de la que Carlos V era también rey, y que tuvo un Tercio desde el principio.
No he visto esa disposición imperial ni conozco a nadie que la haya
visto. Probablemente la respuesta esté traspapelada en Simancas».
Independientemente de la fecha, lo cierto es que estas
tropas pronto demostraron su eficacia militar y administrativa. «Al
crear los Tercios nadie pensaba en una revolución militar, que es una
expresión moderna que se aplica a casi todo. Lo que pasa es que al
agrupar compañías y darles un jefe común y permanente con atribuciones
explícitas y medios para imponer su autoridad, incluido el verdugo, se
creó una herramienta de mando que se reveló eficacísima. Los Tercios
demostraron ser una solución idónea administrativa, organizativa y de
mando, y todo el mundo procuró copiarlos. Y a ello, claro, se unió la
inmensa eficacia y calidad operativa que demostraron», sentencia Sánchez
de Toca.
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| Los Tercios en la Guerra del Palatinado |
La táctica perfecta
El paso del tiempo garantizó la creación de nuevos Tercios y
el perfeccionamiento de las técnicas de combate. Estas, concretamente,
se tomaron del ejército suizo. «Luchaban combinando de forma muy eficaz
las armas blancas (picas, espadas) y las de fuego
(arcabuces, mosquetes), llegando al punto de crear toda una leyenda
entre los enemigos de las Españas como tropas invencibles desde
comienzos del siglo XVI hasta mediados del XVII. Los Tercios utilizaban
tácticas muy innovadoras para la época, heredadas de las que emplearan
las tropas de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.
Su movilidad en el campo de batalla y su capacidad para adaptarse a
cualquier situación no tenía parangón entre sus rivales y todavía se les
considera como uno de los mejores ejércitos de todos los tiempos»,
finaliza Blasco.
"En las primeras filas se situaban los arcabuceros y mosqueteros"
Concretamente, la estrategia que hizo a los tercios ganarse un hueco en el tiempo era sencilla pero efectiva. «Primero solían abrir fuego los pesados mosquetes, normalmente a más de 100 metros del enemigo. Posteriormente disparaban los arcabuces a menor distancia y, a continuación, la gran masa de piqueros
que avanzaban ordenadamente en cuadro formaban una barrera de hierro
bajando sus largas picas apuntando a las tropas atacantes. Eran como
gigantescos erizos de acero, madera y cuero que maniobraban en el campo
de batalla de forma aterradora. Junto a estos escuadrones de piqueros
avanzaban por los flancos las “mangas” de arcabuceros, grupos más
reducidos de soldados con armas de fuego que se disponían dependiendo de
la situación y los movimientos de las tropas», añade el experto.
Esta sencilla táctica acabó con las pretensiones de la
esquiva caballería pesada, la cual, a base de armadura y lanza, solía
aplastar sin dificultad a la infantería. La llegada de la pica terminó
con su dominio, pues, si los jinetes trataban de asaltar la formación
enemiga, se encontraban con un muro infranqueable de picas que derribaba
sin esfuerzo a sus monturas.
A su vez, los Tercios solían hacer uso de una curiosa
táctica con la que coger al enemigo desprevenido. «Lo más peligroso era
una práctica muy española, “la encamisada”,
en la que un reducido grupo de los mejores hombres perpetraban
incursiones por la noche en campo enemigo, armados tan solo con espada y
daga, sin ninguna protección, ataviados con una simple camisa blanca
(de ahí el nombre) para distinguirse de los contrarios. Estos ataques
puntuales eran muy efectivos, se trataba de sabotear los campamentos del
enemigo, “clavar” los cañones y causar las mayores bajas posibles»,
completa el presidente del grupo valenciano.
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| encamisada en Holanda |
"Cuando los enemigos llegaban, los piqueros enarbolaban sus armas"
No obstante, no todo era combatir cuerpo a cuerpo contra
el enemigo, sino que, según Sánchez de Toca, donde también destacaba el
Tercio era en su disciplina a la hora de llevar a cabo las acciones
cotidianas: «Lo que hay que tener claro es que no todo era batalla; más
bien casi nunca era batalla. Lo normal, lo de todos los días, eran las marchas y las guardias en la muralla o la estacada.
Las operaciones más comunes eran la exploración, las emboscadas y las
sorpresas. Las batallas, que hoy nos parecen abundantes, es que se
produjeron y salpicaron la Historia a lo largo de 170 años, pero eran
cosa excepcional. El Duque de Alba dejó claro que no debía aceptarse
batalla que no se estuviera cierto de ganar, una enseñanza que nos
hubiera venido bien en la Guerra de la Independencia».
La pica, el arma básica
Con todo, si por algo se hicieron famosos los Tercios fue por su arma básica, la pica,
una extensa lanza de entre cuatro y seis metros con la que se detenía
el avance de la caballería y se atacaba a los soldados enemigos que
combatían a pie. «Los piqueros se distribuían en picas “armadas”, que ocupaban las primeras filas y llevaban más protección (casco, peto y falderas de metal) -generalmente veteranos-, y las picas “secas”,
los de las filas del fondo, peor ataviados, con poca protección y menor
experiencia en combate», añade el presidente de la Asociación
Napoleónica Valenciana.
Como no podía ser de otra forma, la vida del piquero era de las más sufridas de la compañía, sobre todo si era un «soldado bisoño»
(un nuevo recluta). Y es que, cuando un «afortunado» entraba a formar
parte de un Tercio, y a menos que tuviera experiencia con armas de
fuego, recibía un escaso adelanto de su sueldo para comprar la pica. A
continuación, y si no contaba con dinero para adquirir la media armadura
y el morrión –el casco característico de estas unidades-, era nombrado
«pica seca».
Pero, independientemente del grado que tuviera cada
integrante de la compañía, todos los soldados estaban orgullosos de
pertenecer al Tercio y poder combatir y sangrar por su rey. «El soldado
de los Tercios era admirado y temido. Y lo sabía. También eran engreídos
y pendencieros y a la menor ocasión solían echar mano del acero para
“aclarar” sus diferencias. En esto también eran muy respetados en toda
Europa, la “destreza española” con la espada ropera y la daga de mano izquierda era bien conocida», añade Blasco.
Última defensa
Los combatientes también contaban con una amplia selección
de armas blancas con las que, llegado el momento, defenderse en un
combate a corta distancia si la formación de picas flaqueaba. «Todo
soldado dominaba el combate individual con espada y daga.
Querría llamar la atención sobre la daga, la segunda arma blanca que
portaban los españoles y que era muy resolutiva. Esta palabra,
"resolutiva", es la que usó un coronel finlandés para hablarme del
puuko, su cuchillo nacional equivalente a la daga», completa, por su
parte, Sánchez de Toca.
La daga era una de las armas que, a pesar de su tamaño,
daban ventaja a los españoles durante el combate. Concretamente, y como
bien se explica en la sección dedicada a los Tercios del Museo del Ejército –ubicado en el Alcázar de Toledo-, este pequeño cuchillo solía usarse en combinación con la espada, buscando, en primer lugar, detener las acometidas del enemigo y, en segundo término, atacar el costado del contrario.
Armas desechadas
A su vez, y durante algunos periodos de la historia, los
Tercios hicieron uso de todo tipo de armas para el combate cuerpo a
cuerpo. «Dependiendo de la época, sobre todo en el siglo XVI había
unidades de rodeleros,
armados con espada de punta y corte y rodela (escudo pequeño de metal),
protegidos por medio arnés (armadura completa de la parte superior del
cuerpo). Los rodeleros españoles eran temibles en los choques y podían
combatir entre las filas de piqueros, así como los “doblesueldos”,
que usaban el “montante”, una gran espada con la que abrían brechas en
las líneas enemigas, pero esta arma solo se usó a comienzos del XVI y
posteriormente parece que su uso era ornamental y en desfiles», añade
Blasco.
Al final, el paso del tiempo acabó con estas unidades. «Hay
que tener en cuenta que los Tercios ocupan casi dos siglos de la
historia de España por lo que su estructura y armamento varió
notablemente desde su creación en 1534 hasta su conversión en
regimientos en 1704. En sus primeros tiempos todavía se usaban
ballestas, espadas y rodelas, pero poco a poco fue evolucionando su
estructura debido a las mejoras de las armas de fuego», sentencia el
experto.
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| Rodelero, enfrascado en las picas |
Vendaval de plomo
En último lugar, para atacar a los enemigos a distancia y
cubrir los flancos de los piqueros se encontraban dos tipos de soldados.
«Los que portaban armas de fuego se dividían en mosqueteros -con armas de 7 a 12 kilos tan pesadas que necesitaban una horquilla en la que apoyarse- y arcabuceros,
con arma más ligera, de unos 5 kilos, que se podía disparar desde el
hombro sin horquilla. Para las armas de fuego se usaban 12 cargas de
pólvora en tubos de madera unidos a un correaje, que popularmente se
denominaban “los doce apóstoles”», destaca el presidente de la Asociación Napoleónica Valenciana.
No obstante, la diferencia, como apunta por su parte
Sánchez de Toca, se fue desvaneciendo con el paso del tiempo: «Entre
arcabuceros y mosqueteros hubo diferencia sobre todo al principio,
cuando hacia 1567 el duque de Alba bajó a las compañías los mosquetes,
un arma grande y pesada que hasta entonces solo se había usado en
defensiva y desde las murallas. Pero al correr del tiempo esta
diferencia se desdibujó: los arcabuceros, que eran la infantería ligera y
a pie, se montaron a caballo, y los mosqueteros (a los que Alba llamaba
"guarnición") bajaron de la muralla para luchar a pie con las
compañías».
Un ejército sin uniforme
En cuanto a la vestimenta, los Tercios no se caracterizaron
en su primera etapa por contar con un uniforme concreto. En la
práctica, cada soldado hacía gala de los ropajes que buenamente podía
conseguir y, únicamente después de saquear una ciudad o recibir la paga,
adquirían algún elemento para adornar su indumentaria.
"En la primera etapa, los Tercios sólo disponían de un distintivo rojo"
Así, la única similitud al vestir era que los piqueros no
solían hacer uso de la casaca mientras que, por su parte, los
mosqueteros sustituían los pesados morriones y cascos por sombreros de
ala ancha. Sin duda, no hacían gala de un fino gusto al vestir, pero no
necesitaban caros ropajes para acabar con los enemigos de España.
A su vez, y según se explica en el Museo del Ejército, una
de las pocas distinciones que llevaban los soldados para diferenciarse
del enemigo era una pequeña banda roja en el brazo,
color que también solían utilizar los piqueros para forrar el asta de
sus armas. Este atuendo se mantuvo aproximadamente hasta el SXVII,
momento en el que se reglamentó un color para las casacas de algunos
Tercios.
El final de una leyenda
Pero de nada valieron las innumerables victorias de los
Tercios, pues crueles reveses como Rocroi y la falta de dinero acabaron
condenando a estas unidades. «La muerte de los Tercios tiene fecha: Murieron a manos de Felipe V,
que los disolvió y convirtió en regimientos que tenían a los capitanes
"menos sueltos" más controlados por un mando más centralizado. En mi
opinión, la sustitución no se debió tanto a mimetismo francés, espíritu
racionalizador y centralizador, como al intento de acabar con las
"plazas muertas", un arte que andando el tiempo los generales de
Napoleón llevarían a cimas excelsas», destaca, en este caso, el militar
español.
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| Batalla de Rocroi |
Sin embargo, si bien desaparecieron como tal, hoy en día perduran en la
memoria popular gracias a las múltiples hazañas que protagonizaron a
base de pica y arcabuz. «Aunque los Tercios murieron en cuanto solución
temporal -y muchísimo tiempo exitosa- para un problema administrativo y
táctico, su espíritu sobrevivió y perdura hasta nuestros días en los
bellísimos versos de Calderón y en las fórmulas de las Ordenanzas de
Carlos III y del primer borrador de las Ordenanzas de Juan Carlos I. Los
espíritus del Credo Legionario o la Oración de los paracaidistas son
retoños actuales del viejo espíritu de los Tercios», sentencia el
experto.
«Los soldados de los Tercios echaban mano del acero para “aclarar” diferencias»
«Los Tercios fueron durante casi dos siglos el nervio de la Monarquía
Católica, sólo el 8% de su ejército, pero el núcleo insustituible que
resolvía la papeleta y daba la victoria. Y eso es mucho para una nación
despoblada que en aquellos siglos se impuso al mundo y mantuvo en paz
América, un continente entero, cuando más, con menos de 4.000 soldados.
Los Tercios fueron un prodigio de eficacia organizativa. Los españoles
de entonces no lo hacían tan mal: Al contrario, lo hacían estupendamente
bien», sentencia Sánchez de Toca.
Fin de la 1° parte, espero que les alla gustado conocer sobre aquellos Tercios "viejos".
Fuentes abc.es
Fuentes abc.es
domingo, 8 de febrero de 2015
Ser Gregor Clagane? una carmelita descalza...
Cuando los caballeros no son tan caballeros...
La idea del caballero gallardo como Sir Lancelot no fue del todo cierta, la realidad fue mas cercana a los de "Juego de Tronos". En 1379, Sir John Arundel merodeó por un convento y preguntó a las monjas si podían hospedarlo un par de noches. Luego que ellas accedieran, el y su séquito saquearon el convento, causarón escandalos en una iglesia cercana, robaron una novia recién casada, la violaron y secuestraron a las monjas para llevarlas al mar y arrojarlas por la borda. Y tu creias que Ser Gregor Clegane era un bastardo...
miércoles, 28 de enero de 2015
Musica de Taverna!
Origins libero un paquete de soundtracks correspondientes a las zonas de tavernas de Dragon Age: Inquisition, no esta demas decir que estan increibles, hasta traen partituras en pdf para la peña musical, se de algunos amigos que recibirán esto con agrado. Buena fortuna!
Fuente: Dragon Age: Inquisition
jueves, 11 de diciembre de 2014
La Compañia Negra
Aventuras y desventuras de un puñado de bastardos...
Hace tiempo atrás comencé un pequeño proyecto personal que englobaría texto e ilustración de mi autoría, presentado a modo de lamina coleccionable e imprimible, serian como mini relatos de las vivencias de un grupo de curtidos mercenarios en la fantástica Edad Media, sin distinción de raza ni credo, solo fintas, mandobles y castañazos al por mayor. Todo surgió de la idea de crear algo, que de mozuelo me hubiera encantado leer y lastimosamente nunca me topé con ello, bueno e aquí que luego de algunas vueltas y contratiempos ahora estamos en posición de ir entregando de tanto en tanto estas laminillas pequeñas pero llenas de cariño y acción, para todo aquel que se regocije leyendo un par de lineas y a poco le agrade, si eso pasa, ya habré cumplido mi cometido. Esta primera como no podía ser de otra manera va dedicada a mi rebelde madre que leía estos textos y que a pasado a mejor vida a principios de mes, señora nos estaremos viendo en un tiempo. Buena fortuna.lunes, 10 de noviembre de 2014
La Guardia Blanca
Bien! esta mini sección la pasaremos a titular "El Morral de Frigo" veremos que trae para nuestros seguidores, ya que cada domingo abriremos el sudodicho para ver que nos a dejado este mediano bribón. Para inaugurar este espacio, les hacemos entrega de nada mas y menos que...
La Guardia Blanca, de Sir Arthur Conan Doyle
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| La Guardia Blanca. |
Aventuras, camaradería, y altas dosis de lances caballerescos en la Guerra de los Cien Años.
Esta es una novela histórica de aventuras escrita por el creador de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle, que, tras haber asistido a una conferencia sobre historia medieval, y tras haberse documentado extensamente, se inspiró para darle forma a la que sería su segunda incursión en las novelas históricas de aventuras, La Compañía Blanca, publicada en forma de serial en la Cornhill Magazine, revista victoriana y gaceta literaria de la época en Londres, todo un éxito por aquel entonces. La novela toma como trasfondo el conflicto conocido como la Guerra de los Cien Años, de origen sucesorio y feudal, en la que los reyes de Francia e Inglaterra pugnaban por ver quien sucedería a una serie de familias, entre las que se encuentran la principal rama de los Capeto, los Valois o los Plantagenet, además de decidirse quién controlaría las enormes posesiones que los monarcas ingleses tenían en Francia, provocado por el ascenso al trono de Enrique Plantagenet, casado con Leonor de Aquitania. Además, tuvo implicaciones por parte de Castilla, pero todo terminó con la victoria de los franceses, quedando únicamente Calais en manos de los ingleses. Esta rivalidad entre franceses e ingleses ya venía desde la Batalla de Hastings, acontecida en 1066. Por tanto, la novela tiene lugar en este marco histórico, y así se atestigua, dándonos datos históricos no muy profundos para no abrumar, así como una importante cantidad de nombres pertenecientes a familias o linajes, parentescos o rivalidades.
Aunque el conflicto de dicha época está patente a lo largo de la novela, hasta el final, lo que tenemos aquí es una novela de aventuras encuadrada en una época histórica determinada, plagada de escenas de humor y situaciones dramáticas cuando corresponden (aunque son las menos). Como novela histórica funciona bien, pero mejor aún como novela de aventuras, e incluso como novela de caballerías si queremos puntualizar aún más. A lo largo de todo el relato se suceden los encuentros con bandoleros, granujas, estafadores, posaderos, caballeros andantes, compañías de mercenarios, piratas… dejando al lector con ganas de saber lo que sucederá a la vuelta del camino.
Que leas sea placentera la lectura! el mismo esta en el paquete en versiones PDF, EPUB y RTF. au revoir!!
~Descargar~
viernes, 24 de octubre de 2014
Vikings
Para empezar la noche del viernes con buen pie, un excelente video de una compañia llamada Shilo.
VIKING: Director's Cut from Shilo on Vimeo.
miércoles, 22 de octubre de 2014
Hvitserk
Cuando los cojones vienen de herencia.
Hvitserk ("pechoblanco") fue uno de los legendarios hijos de Ragnar Lodbrok. Luego de haber vengado a su padre junto a sus hermanos, fue de pillaje a Gardariki. Fue derrotado por un gran ejercito que no pudo vencer. Cuando aprisionado le fue preguntado de que forma elegia morir, el contesto, quemado vivo. Este fue otro abrazante informe de ”Hechos Medievales, por Igvan".
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| Hvitserk, hijo de Lodbrok. |
Hvitserk ("pechoblanco") fue uno de los legendarios hijos de Ragnar Lodbrok. Luego de haber vengado a su padre junto a sus hermanos, fue de pillaje a Gardariki. Fue derrotado por un gran ejercito que no pudo vencer. Cuando aprisionado le fue preguntado de que forma elegia morir, el contesto, quemado vivo. Este fue otro abrazante informe de ”Hechos Medievales, por Igvan".
martes, 2 de septiembre de 2014
De Cruzados y caníbales
Casi una docena de cronicos escribieron libros sobre la cruzada en los veinte años de conocimiento que siguieron a la captura de Jerusalén, a veces con descreimiento o disgusto o negación, pero siempre disconformes con los claros y densos detalles de la historia. En Noviembre 28, de 1098, el Conde Raymond de Saint-Gilles condujo el sitio de Ma'arra ( hoy la ciudad Siria de Ma'arrat al-Numan). Dos semanas después, el 11 de Diciembre, con la ayuda de otros líderes Cruzados, el ejército de Raymond rompió las defensas de la ciudad y tomó posesión de la misma al otro dia. Los variados ejércitos entonces esperaron por un mes mientras sus líderes debatieron cómo proclamar y dividir las propiedades de la conquista. Finalmente en Enero 13 de 1099, bajo intensa presión de sus seguidores, Raymond juntó sus fuerzas y continuó su camino a Jerusalem. En algún punto durante este trayecto – como podremos ver, las fuentes varían considerablemente – un indeterminado número de soldados se alimentaron de la carne de los cadáveres enemigos.
Historiadores de las Cruzadas tuvieron este dato confinado de las principales narrativas, tratándolo a veces inconsistentemente, a veces incoherentemente. Su análisis más sustancioso se remonta a 1959, en un artículo de Lewis A. M. Sumberg, que culpó a un subgrupo de cruzados empobrecidos llamados "Los Tafur", que el mismo trato de localizar su origen. Un artículo de Michael Rouche atribuyó un carácter sagrado al canibalismo, comparando la carne tomada de los cadáveres musulmanes como maná enviado a los niños de Israel para que ellos puedan cruzar los mismos desiertos, que argumenta el hecho, de acuerdo con Jonathan Riley-Smith, como la evidencia de que ellos cargaban más peso de lo que podían soportar. Riley-Smith mismo ve al canibalismo como una respuesta al hambre y no le echa toda la culpa a "Los Tafurs", aunque él los describe como 'muy hambrientos'. Otros estudiosos continúan asociando al canibalismo con "Los Tafurs", aunque no va tan lejos como Amin Maalouf, en su libro incendiario 'Los Cruzados a través de los ojos Arabes', titula el capítulo de la captura de Jerusalén "Los caníbales de Ma'arra.' Él observa, "la memoria de esas atrocidades, se preservan y transmiten por poetas locales como una tradición, enmarcados en una imagen que no es fácil borrar"; y, "los turcos nunca olvidaran el canibalismo de los occidentales."
Darkest Dungeon, o esa banda de aventureros locos de atar.
Darkest Dungeon es un duro RPG que refleja el estress que causa merodear por las mazmorras. Tienes que conducir un equipo de flamantes heroes a travez de los horrores que habitan a 500 metros bajo tierra mientras luchas contra inimaginables enemigos, hambre, enfermedad y la abrazante oscuridad. A que parece rico verdad? pues mirate esto...
jueves, 3 de julio de 2014
La noche cae sobre Centinela. de Boali.
No sonaba música en la taberna sin nombre de Centinela. De hecho, casi no había ruido a excepción de los discretos y cautelosos murmullos de la conversación, los suaves pasos de la camarera sobre la piedra y los delicados sonidos que emitían los clientes habituales al comer y beber, las lenguas lamiendo sus jarras y los ojos que no se fijaban en nada en especial. Si alguien hubiera estado menos ocupado, la imagen de la joven guardia roja cubierta por una delicada capa de terciopelo negro podría haberle causado sorpresa. O incluso sospecha.
Y así, aquel extraño personaje, que se encontraba fuera de lugar en una bodega tan modesta que, por no tener, no disponía ni de cartel, se fundía con las sombras.
“¿Eres Jomic?” El corpulento hombre de mediana edad, de rostro avejentado, miró hacia arriba para afirmar después con la cabeza. Volvió a su bebida. La joven tomó asiento a su lado. “Me llamo Haballa”, dijo mientras sacaba una pequeña bolsa de oro que colocó cerca de su jarra. “Seguro”. Gruñó Jomic buscando de nuevo su mirada. “¿A quién quieres que mate?” Ella no se apartó, se limitó a preguntar: “¿Este es un lugar seguro para hablar?” “Aquí a nadie le importan los problemas de los demás, solo se preocupan por los suyos. Podrías quitarte la coraza y bailar con los pechos desnudos sobre la mesa y nadie te haría ni caso”, sonrió el hombre. “Así que, ¿a quién quieres que mate? “En realidad, a nadie”, dijo Haballa. “La verdad es que quiero que alguien… desaparezca durante un tiempo. No quiero que resulte herido, ¿entiendes? Por eso necesito la ayuda de un profesional. Me han dado muy buenas referencias de ti”. “¿Con quién has hablado?”, preguntó Jomic con voz de aburrimiento, volviendo de nuevo a su bebida. “Con el amigo de un amigo, de un amigo, de un amigo”. “Uno de esos amigos no sabe de lo que está hablando”, refunfuñó el hombre. “Ya lo he dejado”. Haballa sacó en silencio una bolsa de oro y luego otra, colocándolas cerca del codo del hombre. Él la miró un momento y, a continuación, extrajo el oro y se puso a contarlo. Mientras lo hacía, le preguntó: “¿Quién quieres que desaparezca?” “Un momento”, sonrió Haballa sacudiendo la cabeza, “antes de que hablemos de los detalles, quiero estar segura de que eres un profesional, de que no le harás mucho daño a esa persona y de que serás discreto”. “¿Quieres discreción?”, preguntó el hombre, e hizo una pausa en el recuento de monedas. “Está bien, te contaré uno de mis antiguos trabajitos. Fue hace… por Arkay, casi no puedo creerlo… más de doce años y yo soy el único que queda con vida de todos los que tenían que ver con aquel trabajo. Es bastante anterior a los tiempos de la Guerra de Betony, ¿te acuerdas?” “Yo solo era un bebé”. “Claro que lo eras”, sonrió Jomic. “Todo el mundo sabe que el rey Lhotun tenía un hermano mayor, Greklith, que murió ¿no? Y luego tenía una hermana mayor, Aubki, que se casó con ese tipo, con el rey de Salto de la Daga. Sin embargo, la verdad es que tenía dos hermanos mayores”. “¿En serio?”, los ojos de Haballa brillaron de interés. “No te miento”, rio entre dientes. “El primogénito del rey y la reina era un tipejo debilucho y enclenque que se llamaba Arthago. Sea como sea, ese príncipe era el heredero al trono, lo que no les hacía demasiada gracia a sus padres. Pero después la reina parió a otros dos príncipes, que eran un poco más apañados. Entonces fue cuando me contrataron a mí y a mis chicos para que pareciera como que se lo había llevado el Infrarrey o algo así”. “¡No tenía ni idea!”, susurró la joven. “Por supuesto que no, esa es la clave”, afirmó Jomic moviendo la cabeza. “Discreción, como me has dicho. Metimos al chaval en un saco y lo dejamos en el fondo de unas antiguas ruinas, y se acabó. No hubo líos. Tan solo éramos un par de tíos, un saco y un garrote”. “En eso es en lo que estoy interesada, en la técnica”, dijo Haballa. “Mi… amigo, al que necesito que se lleven, también es débil, como aquel príncipe. ¿Para qué era el garrote?” “Es una herramienta. Muchas de las cosas que eran buenas en el pasado ya no se utilizan, solo porque la gente, hoy en día, prefiere que sea fácil de usar a que funcione bien. Deja que te explique: los principales centros de dolor en el cuerpo de un hombre normal son setenta y uno. Los elfos y los khajiitas son más sensibles y todo eso, así que tienen tres y cuatro más cada uno. Los argonianos y los sload, tienen como cincuenta y dos y sesenta y siete”, contó Jomic, mientras apuntaba con su corto y chato dedo cada región en el cuerpo de Haballa, “seis en la frente, dos en la ceja, dos en la nariz, siete en la garganta, diez en el pecho, nueve en el abdomen, tres en cada brazo, doce en la ingle, cuatro en la mejor pierna y cinco en la otra”. “Suman sesenta y tres”, respondió Haballa. “No, seguro que no”, gruño Jomic. “Sí, ese es el total”, respondió la joven gritando, indignada ante la idea de que sus habilidades matemáticas se pusieran en duda: “seis más dos, más dos, más siete, más diez, más nueve, más tres por un brazo y tres por el otro, más doce, más cuatro y más cinco son sesenta y tres”. “Me habré olvidado de alguno”, dijo Jomic encogiéndose de hombros. “Lo importante es ser hábil con el bastón o el garrote, tienes que dominar esos centros de dolor. Si lo haces bien, con un golpecito suave puedes matar o noquear a alguien dejándole como mucho un cardenal”.“Fascinante”, sonrió Haballa. “¿Y alguna vez lo ha averiguado alguien?” “¿Por qué habrían de hacerlo? Los padres del niño, el rey y la reina, están ya los dos muertos. Los otros hijos siempre pensaron que a su hermano se lo llevó el Infrarrey. Eso es lo que piensa todo el mundo. Y todos mis compañeros están muertos”. “¿Por causas naturales?” “En la bahía nunca pasa nada natural, lo sabes, ¿no? A un tipo lo absorbió uno de esos selenu. Otro murió de la misma plaga que se llevó a la reina y al príncipe Greklith. El otro murió apaleado por un ladrón. Tienes que hablar bajo, mantenerte fuera de la vista, como yo, si quieres seguir con vida”. Jomic terminó de contar las monedas. “De verdad debes de querer que este tipo se quite de tu camino. ¿De quién se trata?” “Será mejor que te lo enseñe”, dijo Haballa, poniéndose de pie. Sin mirar atrás, salió dando zancadas de la taberna sin nombre. Jomic apuró su cerveza y salió. La noche era fría, soplaba un viento desenfrenado que levantaba oleaje en las aguas de la bahía de Iliac y propulsaba a las hojas para que salieran volando como si de añicos arremolinados se tratase. Haballa salió del callejón próximo a la taberna y le un gesto. Cuando él se acercó, la brisa sopló abriendo su capa y revelando la armadura que llevaba debajo y el blasón del rey de Centinela. El hombre gordo trató de echarse hacia atrás para escapar, pero ella era demasiado rápida. En un abrir y cerrar de ojos, se encontró de espaldas en el suelo del callejón con la rodilla de la mujer presionándole la garganta con fuerza. “El rey ha pasado muchos años desde que subió al trono buscándote a ti y a tus colaboradores, Jomic. No me dio instrucciones específicas de qué hacer si te encontraba, pero me has dado una idea”. De su cinturón, Haballa sacó una pequeña y sólida porra. Un borracho que había salido del bar, oyó un gemido de dolor acompañado de un suave susurro que provenía del oscuro callejón: “Esta vez, vamos a llevar mejor la cuenta. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete…
“¿Eres Jomic?” El corpulento hombre de mediana edad, de rostro avejentado, miró hacia arriba para afirmar después con la cabeza. Volvió a su bebida. La joven tomó asiento a su lado. “Me llamo Haballa”, dijo mientras sacaba una pequeña bolsa de oro que colocó cerca de su jarra. “Seguro”. Gruñó Jomic buscando de nuevo su mirada. “¿A quién quieres que mate?” Ella no se apartó, se limitó a preguntar: “¿Este es un lugar seguro para hablar?” “Aquí a nadie le importan los problemas de los demás, solo se preocupan por los suyos. Podrías quitarte la coraza y bailar con los pechos desnudos sobre la mesa y nadie te haría ni caso”, sonrió el hombre. “Así que, ¿a quién quieres que mate? “En realidad, a nadie”, dijo Haballa. “La verdad es que quiero que alguien… desaparezca durante un tiempo. No quiero que resulte herido, ¿entiendes? Por eso necesito la ayuda de un profesional. Me han dado muy buenas referencias de ti”. “¿Con quién has hablado?”, preguntó Jomic con voz de aburrimiento, volviendo de nuevo a su bebida. “Con el amigo de un amigo, de un amigo, de un amigo”. “Uno de esos amigos no sabe de lo que está hablando”, refunfuñó el hombre. “Ya lo he dejado”. Haballa sacó en silencio una bolsa de oro y luego otra, colocándolas cerca del codo del hombre. Él la miró un momento y, a continuación, extrajo el oro y se puso a contarlo. Mientras lo hacía, le preguntó: “¿Quién quieres que desaparezca?” “Un momento”, sonrió Haballa sacudiendo la cabeza, “antes de que hablemos de los detalles, quiero estar segura de que eres un profesional, de que no le harás mucho daño a esa persona y de que serás discreto”. “¿Quieres discreción?”, preguntó el hombre, e hizo una pausa en el recuento de monedas. “Está bien, te contaré uno de mis antiguos trabajitos. Fue hace… por Arkay, casi no puedo creerlo… más de doce años y yo soy el único que queda con vida de todos los que tenían que ver con aquel trabajo. Es bastante anterior a los tiempos de la Guerra de Betony, ¿te acuerdas?” “Yo solo era un bebé”. “Claro que lo eras”, sonrió Jomic. “Todo el mundo sabe que el rey Lhotun tenía un hermano mayor, Greklith, que murió ¿no? Y luego tenía una hermana mayor, Aubki, que se casó con ese tipo, con el rey de Salto de la Daga. Sin embargo, la verdad es que tenía dos hermanos mayores”. “¿En serio?”, los ojos de Haballa brillaron de interés. “No te miento”, rio entre dientes. “El primogénito del rey y la reina era un tipejo debilucho y enclenque que se llamaba Arthago. Sea como sea, ese príncipe era el heredero al trono, lo que no les hacía demasiada gracia a sus padres. Pero después la reina parió a otros dos príncipes, que eran un poco más apañados. Entonces fue cuando me contrataron a mí y a mis chicos para que pareciera como que se lo había llevado el Infrarrey o algo así”. “¡No tenía ni idea!”, susurró la joven. “Por supuesto que no, esa es la clave”, afirmó Jomic moviendo la cabeza. “Discreción, como me has dicho. Metimos al chaval en un saco y lo dejamos en el fondo de unas antiguas ruinas, y se acabó. No hubo líos. Tan solo éramos un par de tíos, un saco y un garrote”. “En eso es en lo que estoy interesada, en la técnica”, dijo Haballa. “Mi… amigo, al que necesito que se lleven, también es débil, como aquel príncipe. ¿Para qué era el garrote?” “Es una herramienta. Muchas de las cosas que eran buenas en el pasado ya no se utilizan, solo porque la gente, hoy en día, prefiere que sea fácil de usar a que funcione bien. Deja que te explique: los principales centros de dolor en el cuerpo de un hombre normal son setenta y uno. Los elfos y los khajiitas son más sensibles y todo eso, así que tienen tres y cuatro más cada uno. Los argonianos y los sload, tienen como cincuenta y dos y sesenta y siete”, contó Jomic, mientras apuntaba con su corto y chato dedo cada región en el cuerpo de Haballa, “seis en la frente, dos en la ceja, dos en la nariz, siete en la garganta, diez en el pecho, nueve en el abdomen, tres en cada brazo, doce en la ingle, cuatro en la mejor pierna y cinco en la otra”. “Suman sesenta y tres”, respondió Haballa. “No, seguro que no”, gruño Jomic. “Sí, ese es el total”, respondió la joven gritando, indignada ante la idea de que sus habilidades matemáticas se pusieran en duda: “seis más dos, más dos, más siete, más diez, más nueve, más tres por un brazo y tres por el otro, más doce, más cuatro y más cinco son sesenta y tres”. “Me habré olvidado de alguno”, dijo Jomic encogiéndose de hombros. “Lo importante es ser hábil con el bastón o el garrote, tienes que dominar esos centros de dolor. Si lo haces bien, con un golpecito suave puedes matar o noquear a alguien dejándole como mucho un cardenal”.“Fascinante”, sonrió Haballa. “¿Y alguna vez lo ha averiguado alguien?” “¿Por qué habrían de hacerlo? Los padres del niño, el rey y la reina, están ya los dos muertos. Los otros hijos siempre pensaron que a su hermano se lo llevó el Infrarrey. Eso es lo que piensa todo el mundo. Y todos mis compañeros están muertos”. “¿Por causas naturales?” “En la bahía nunca pasa nada natural, lo sabes, ¿no? A un tipo lo absorbió uno de esos selenu. Otro murió de la misma plaga que se llevó a la reina y al príncipe Greklith. El otro murió apaleado por un ladrón. Tienes que hablar bajo, mantenerte fuera de la vista, como yo, si quieres seguir con vida”. Jomic terminó de contar las monedas. “De verdad debes de querer que este tipo se quite de tu camino. ¿De quién se trata?” “Será mejor que te lo enseñe”, dijo Haballa, poniéndose de pie. Sin mirar atrás, salió dando zancadas de la taberna sin nombre. Jomic apuró su cerveza y salió. La noche era fría, soplaba un viento desenfrenado que levantaba oleaje en las aguas de la bahía de Iliac y propulsaba a las hojas para que salieran volando como si de añicos arremolinados se tratase. Haballa salió del callejón próximo a la taberna y le un gesto. Cuando él se acercó, la brisa sopló abriendo su capa y revelando la armadura que llevaba debajo y el blasón del rey de Centinela. El hombre gordo trató de echarse hacia atrás para escapar, pero ella era demasiado rápida. En un abrir y cerrar de ojos, se encontró de espaldas en el suelo del callejón con la rodilla de la mujer presionándole la garganta con fuerza. “El rey ha pasado muchos años desde que subió al trono buscándote a ti y a tus colaboradores, Jomic. No me dio instrucciones específicas de qué hacer si te encontraba, pero me has dado una idea”. De su cinturón, Haballa sacó una pequeña y sólida porra. Un borracho que había salido del bar, oyó un gemido de dolor acompañado de un suave susurro que provenía del oscuro callejón: “Esta vez, vamos a llevar mejor la cuenta. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete…
Historia perteneciente a uno de los libros de The Elder Scrolls V.
martes, 1 de julio de 2014
Exceso de ladrones. de Aniis Noru.
“Esto parece interesante”, dijo Indyk, entrecerrando los ojos para observar la caravana negra que se acercaba al solitario castillo. El extraño escudo de armas de un color chillón, brillaba a la luz de las lunas en cada uno de los carruajes. “¿Quiénes crees que son?” “Bien se ve que son adinerados”, dijo su compañera Heriah sonriendo. “Quizá se trate de una secta Imperial dedicada a la adquisición de riquezas”. “Vete a la ciudad y averigua todo lo que puedas acerca del castillo”, dijo Indyk. “Yo veré si puedo averiguar quiénes son esos extraños. Nos encontraremos mañana por la noche en esta colina”.
Heriah poseía dos grandes habilidades: abrir cerraduras y obtener información. Al anochecer del día siguiente, estaba de vuelta en la colina. Indyk apareció una hora después. “El lugar se llama Ald Olyra”, explicó ella. “Data de la Segunda Era, cuando un grupo de nobles lo construyó para protegerse durante una de las epidemias. Su deseo era evitar que entre ellos se extendiera la plaga, por lo que desarrollaron un sofisticado sistema de seguridad, poco habitual para la época. Ya casi está en ruinas, pero tengo cierta idea del tipo de cerraduras y trampas que todavía permanecen en funcionamiento. Y tú, ¿qué has averiguado?” “Yo no he tenido tanto éxito en mis pesquisas”, dijo Indyk frunciendo el ceño. “Nadie sabe nada de ellos e incluso desconocían su presencia en la zona. A punto de rendirme, me encontré con un monje que me informó de que sus maestros eran un grupo hermético denominado orden de S. Eadnua. Parathion, que así se llamaba, cree que los extraños van a realizar una especie de banquete esta noche”. “¿Son gente adinerada?”, preguntó Heriah impaciente “Hasta límites insospechados, según el monje. Pero solo permanecerán en el castillo esta noche”. “Sé lo que hay que hacer”, dijo Heriah guiñando el ojo. “Se nos ha presentado una oportunidad única”. Comenzó a dibujar un diagrama del castillo en la tierra: la sala principal y la cocina estaban situadas cerca de la puerta delantera, mientras que los establos y la armería fortificada se encontraban en la parte trasera. Los ladrones contaban con un sistema infalible. Heriah se las arreglaría para entrar en el castillo y hacerse con el botín, mientras Indyk distraería la atención de sus ocupantes. Él esperaría a que su compañera hubiera escalado el muro antes de llamar a la puerta. En esta ocasión se haría pasar por un bardo, o quizá un aventurero desorientado. Nunca decidía estos detalles, pues encontraba divertido improvisar en el momento.
Heriah oyó a Indyk hablando con la mujer que abrió la puerta pero estaba demasiado lejos para entender lo que decían. El plan estaba funcionando pues poco después, oyó cómo se cerraba la puerta. Tenía que reconocer que su compañero sabía cómo camelar a la gente. Tan solo algunas de las trampas y cerraduras de la armería seguían en funcionamiento. Sin duda, muchas de las llaves se habían perdido con el paso del tiempo. Los sirvientes encargados de proteger los tesoros de la orden habían instalado unas nuevas. Tras entender el complicado sistema de picaportes y pasadores de las nuevas cerraduras, procedió a la apertura de las más antiguas pero igual de efectivas, mientras sentía el fuerte latido de su corazón. Hubiera lo que hubiere tras la puerta, pensó, debe de tener un gran valor para ser objeto de tanta protección. Cuando finalmente la puerta se abrió con suavidad, la ladrona descubrió que la realidad superaba sus avariciosas expectativas. Montañas de oro, antiguas reliquias que relucían con un aura mágica, armas de una calidad incomparable, piedras preciosas grandes como su puño, hileras de pócimas extrañas y cientos de valiosos documentos y pergaminos. Estaba tan embelesada ante tal imagen que no se percató de la llegada de alguien. “Tú debes de ser Lady Ertsop”, dijo la voz, que sobresaltó a la muchacha. Se trataba de un monje envuelto en una vestidura negra con capucha, tejida con hilos de plata y oro. Por un momento, se quedó sin habla. Era el tipo de encuentros con los que Indyk disfrutaba pero que a ella la dejaban paralizada. Tan solo pudo mover la cabeza con falsa seguridad. “Creo que me he perdido”, tartamudeó. “Entiendo”, dijo el hombre entre risas. “Esta es la armería. Te mostraré el camino al refectorio. Creíamos que ya no vendrías. El banquete ya casi ha terminado”. Heriah siguió al monje a través del patio hacia las puertas dobles que conducían al refectorio. Antes de entrar, el monje le tendió una vestidura idéntica a la suya que pendía de un gancho a las puertas del refectorio. Se vistió con ella. Al igual que el monje, colocó la capucha sobre su cabeza antes de entrar en la sala. Las antorchas iluminaban las figuras situadas alrededor de la gran mesa. Todos portaban la misma vestidura negra que ocultaba sus identidades. Todo sugería que el banquete había finalizado. Sobre la mesa, platos, fuentes y vasos vacíos que tan solo contenían los restos de la cena. Era evidente que había sido todo un festín. Por un momento, Heriah pensó en la pobre lady Ertsop que se había perdido tal evento. El único objeto que le llamó la atención estaba situado en el centro de la mesa: un enorme reloj de arena dorado que marcaba su último minuto.
A pesar de que todos se parecían, algunos estaban durmiendo, otros hablaban alegremente y uno de ellos tocaba el laúd. Se dio cuenta de que era el laúd de Indyk y también de que el hombre portaba el anillo de Indyk en su dedo. De pronto se sentía aliviada, ya que con la capucha protegía su anonimato. Quizá Indyk no se había apercibido que era ella, que había cometido un error. “Ertsop”, dijo el joven a los reunidos, que fijaron su mirada al unísono sobre ella y rompieron en aplausos. Los miembros de la orden se levantaron para besar su mano y se presentaron.
Heriah oyó a Indyk hablando con la mujer que abrió la puerta pero estaba demasiado lejos para entender lo que decían. El plan estaba funcionando pues poco después, oyó cómo se cerraba la puerta. Tenía que reconocer que su compañero sabía cómo camelar a la gente. Tan solo algunas de las trampas y cerraduras de la armería seguían en funcionamiento. Sin duda, muchas de las llaves se habían perdido con el paso del tiempo. Los sirvientes encargados de proteger los tesoros de la orden habían instalado unas nuevas. Tras entender el complicado sistema de picaportes y pasadores de las nuevas cerraduras, procedió a la apertura de las más antiguas pero igual de efectivas, mientras sentía el fuerte latido de su corazón. Hubiera lo que hubiere tras la puerta, pensó, debe de tener un gran valor para ser objeto de tanta protección. Cuando finalmente la puerta se abrió con suavidad, la ladrona descubrió que la realidad superaba sus avariciosas expectativas. Montañas de oro, antiguas reliquias que relucían con un aura mágica, armas de una calidad incomparable, piedras preciosas grandes como su puño, hileras de pócimas extrañas y cientos de valiosos documentos y pergaminos. Estaba tan embelesada ante tal imagen que no se percató de la llegada de alguien. “Tú debes de ser Lady Ertsop”, dijo la voz, que sobresaltó a la muchacha. Se trataba de un monje envuelto en una vestidura negra con capucha, tejida con hilos de plata y oro. Por un momento, se quedó sin habla. Era el tipo de encuentros con los que Indyk disfrutaba pero que a ella la dejaban paralizada. Tan solo pudo mover la cabeza con falsa seguridad. “Creo que me he perdido”, tartamudeó. “Entiendo”, dijo el hombre entre risas. “Esta es la armería. Te mostraré el camino al refectorio. Creíamos que ya no vendrías. El banquete ya casi ha terminado”. Heriah siguió al monje a través del patio hacia las puertas dobles que conducían al refectorio. Antes de entrar, el monje le tendió una vestidura idéntica a la suya que pendía de un gancho a las puertas del refectorio. Se vistió con ella. Al igual que el monje, colocó la capucha sobre su cabeza antes de entrar en la sala. Las antorchas iluminaban las figuras situadas alrededor de la gran mesa. Todos portaban la misma vestidura negra que ocultaba sus identidades. Todo sugería que el banquete había finalizado. Sobre la mesa, platos, fuentes y vasos vacíos que tan solo contenían los restos de la cena. Era evidente que había sido todo un festín. Por un momento, Heriah pensó en la pobre lady Ertsop que se había perdido tal evento. El único objeto que le llamó la atención estaba situado en el centro de la mesa: un enorme reloj de arena dorado que marcaba su último minuto.
A pesar de que todos se parecían, algunos estaban durmiendo, otros hablaban alegremente y uno de ellos tocaba el laúd. Se dio cuenta de que era el laúd de Indyk y también de que el hombre portaba el anillo de Indyk en su dedo. De pronto se sentía aliviada, ya que con la capucha protegía su anonimato. Quizá Indyk no se había apercibido que era ella, que había cometido un error. “Ertsop”, dijo el joven a los reunidos, que fijaron su mirada al unísono sobre ella y rompieron en aplausos. Los miembros de la orden se levantaron para besar su mano y se presentaron.
“Nirdla”.
“Suelec”.
“Kyler”.
Los nombres cada vez eran más extraños.
“Toniop”.
“Htillyts”.
“Noihtarap”.
Ella no pudo evitar reirse: “Entiendo. Están al revés. Vuestros verdaderos nombres son Aldrin, Celeo, Relyk, Poinot, Styllith y Parathion”. “Así es”, dijo el joven. “Toma asiento, por favor”. “Oralc”, dijo Heriah, intentando seguir el juego mientras se sentaba. “Supongo que cuando el reloj de arena acabe la cuenta atrás, los nombres volverán a ser normales”. “Correcto, Ertsop”, dijo la mujer que estaba a su lado. “Se trata de uno de los entretenimientos de nuestra orden. Este castillo parecía el lugar más irónicamente apropiado para realizar nuestro banquete, teniendo en cuenta que fue construido para evitar a las víctimas de la plaga que, en cierto modo, eran muertos vivientes”.
Heriah se mareó con el olor de las antorchas y chocó contra el hombre que dormía a su lado. este cayó encima de la mesa “Pobre Otalp Remirp”, dijo otro de los hombres mientras ayudaba a reincorporar el cadáver. “Nos ha dado tanto.” Heriah se puso en pie de un golpe y comenzó a caminar con aire vacilante hacia la puerta principal. “¿Adónde vas, Ertsop?”, preguntó otro de los presentes con tono burlesco. “Yo no soy Ertsop”, farfulló ella, cogiendo a Indyk por el brazo. “Lo siento, compañero. Tenemos que irnos”. El último grano de arena caía dentro del reloj cuando el hombre apartó su capucha. No era Indyk. Ni siquiera era humano, sino un ser grotesco con mirada hambrienta y una boca llena de dientes como colmillos. Heriah cayó encima de la silla del que llamaban Otalp Remirp. Su capucha se bajó, dejando al descubierto el rostro pálido de Indyk. Cuando comenzó a gritar, todos se abalanzaron sobre ella.
En su último momento de vida, Heriah pronunció por fin Ertsop al revés.
Heriah se mareó con el olor de las antorchas y chocó contra el hombre que dormía a su lado. este cayó encima de la mesa “Pobre Otalp Remirp”, dijo otro de los hombres mientras ayudaba a reincorporar el cadáver. “Nos ha dado tanto.” Heriah se puso en pie de un golpe y comenzó a caminar con aire vacilante hacia la puerta principal. “¿Adónde vas, Ertsop?”, preguntó otro de los presentes con tono burlesco. “Yo no soy Ertsop”, farfulló ella, cogiendo a Indyk por el brazo. “Lo siento, compañero. Tenemos que irnos”. El último grano de arena caía dentro del reloj cuando el hombre apartó su capucha. No era Indyk. Ni siquiera era humano, sino un ser grotesco con mirada hambrienta y una boca llena de dientes como colmillos. Heriah cayó encima de la silla del que llamaban Otalp Remirp. Su capucha se bajó, dejando al descubierto el rostro pálido de Indyk. Cuando comenzó a gritar, todos se abalanzaron sobre ella.
En su último momento de vida, Heriah pronunció por fin Ertsop al revés.






















